lunes, 3 de agosto de 2009

Aliento


Otro valioso estreno en la cartelera cinematográfica: “Breath” (Aliento) del coreano Kim Ki Duk, director de “Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera”, “El tiempo” y “El arco” entre otras.
En un reportaje del año pasado, cuando le preguntaron sobre su motivación para hacer películas, Ki Duk contestó que hay cosas de la vida que él no entiende y hace películas procurando entenderlas.
Y se nota. No busquen aquí historias cerradas, finales felices ni moralejas. Las películas de Kim Ki Duk son siempre perturbadoras en cuanto bucean en las contradicciones del ser humano.
Tenemos aquí un matrimonio moribundo y una mujer que intenta recuperar el aliento vital, ese soplo (otra posible traducción del título) que distingue lo vivo de lo inerte; y lo termina encontrando en un convicto condenado a muerte. Lo visita en la cárcel y en esos breves encuentros recupera algo de la vitalidad perdida.
Un condenado, una mujer ahogada en su vida cotidiana. Aliento. Uno inhala lo que el otro exhala.
El director de la prisión monitorea los encuentros desde una pantalla y decide cuándo interrumpirlos. El director de la prisión es el director de la película que dosifica la acción y decide lo que podemos ver y lo que no. Es el dueño del corte: corta las visitas, monta la película.
Kim Ki Duk ha rechazado los dólares de Holywood porque quiere seguir siendo el dueño de los cortes de sus films; quiere seguir siendo autor. Alguien que filma aquello que no entiende en lugar de aferrarse a fórmulas repetidas.

domingo, 26 de julio de 2009

Cine - Hace mucho que te quiero


Una historia bien contada. Una actuación impresionante. La historia de Juliette, una mujer que sale de prisión pero sigue encerrada; alguien que se había salido de la vida y, luego de muchos años, logra volver. Dos hermanas que se reencuentran y ponen en juego un montón de cuestiones que no conviene revelar.
Intentaré ser breve, pensando en quienes no la han visto. Esta es una obraa la que conviene acudir sin mucha información; pero después de semejante película algo tengo que escribir; esta obra no puede pasar desapercibida por la cartelera porteña. Y de lo primero que hay que hablar es de la interpretación.
Esos supuestos actores que en todos los papeles hacen de sí mismos me recuerdan a los malos psicoanalistas que en sus interpretaciones solo intentan acomodar un conocimiento preconcebido; en lugar de recibir el saber no sabido que proviene de la subjetividad del paciente. Acostumbrados a estrellas que no manejan más de tres o cuatro gestos, la actuación de Kristin Scott Thomas reivindica la profesión. Actuar, ser otro, ponerse en la piel de otro.
Kristin Scott Thomas le entrega su cuerpo al personaje para que este emane a través suyo. Le pone tal carnadura al personaje que disuelve la pantalla. Su expresividad le da a Juliette una profundidad que conmueve. Nos hace olvidar que estamos en un cine, acá no hay buenos ni malos, hay seres humanos. “Hace mucho que te quiero”: hace mucho que no veo una actuación igual, quizás desde Meryl Streep en “La desición de Sofia”.
El director debutante Phillipe Claudel deja que la historia fluya hacia la verdad de su protagonista. Será su primera película pero este hombre es un gran narrador. Dosifica las situaciones de modo tal de generar e incrementar la intriga del espectador. Queremos saber qué hizo, luego queremos saber por qué lo hizo. Y en ese camino vemos como los personajes evolucionan. Los personajes son unos cuando la película empieza y son otros cuando termina. La obra se centra en el proceso de transformación; quizás por eso también me recuerde tanto a una buena terapia.

viernes, 24 de julio de 2009

Ernesto Pesce

“Hay otros mundos… pero están en este” dijo Paul Eluard. Algo de esto se trasluce en las obras de Ernesto Pesce, al menos en muchas de las que se pudieron apreciar en la muestra de la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. Otros mundos, en este.


No tengo autoridad para hablar de la variedad de técnicas que Pesce despliega en su obra, pluralidad que apenas percibo con torpeza. Me interesa mencionar otra cosa: la vitalidad. Pesce crea mundos o los recrea. En esos mundos hay vida, otra vida, para el que quiera ver.


Un artista es alguien que tiene otra mirada, capta cosas que a los demás se nos escapan. Hay otros mundos, están en este, una partecita se pudo ver en Buenos Aires.






Información sobre el artista en: www.ernestopesce.com.ar

martes, 21 de julio de 2009

Mandalah


Mandala es un término sánscrito que significa “círculo”. Los mandalas son diagramas circulares utilizados fundamentalmente en el budismo e hinduismo; aunque este tipo de representaciones circulares se encuentran en casi todas las culturas. Esta universalidad de los mandalas, llevó al psicoanalista Carl G. Jung a postularlos como posibles expresiones de lo inconciente colectivo.

La introducción viene a cuento de Mandalah (con h final): un espectáculo tan recomendable como difícil de clasificar. Tiene mucho de trapecismo, algo de teatro, algo de clown, mucha y variada música, bastante video. Todos esos elementos armonizan y conforman un todo, un todo circular.
El arte supone flexibilidad. El arte es lo contrario de la rigidez. Si algo destaca en Mandalah es la flexibilidad de los cuerpos en el aire. Los trapecistas van formando mandalas. Conforman una estructura y al rato la deshacen para generar otra. Por momentos la estructura se nos cae encima.
En psicoanálisis se dice que el neurótico genera una estructura en su primera infancia y luego se esconde en ella, queda atrapado. La estructura aprisiona, genera sufrimiento pero a la vez da seguridad, por eso solemos emperrarnos
Mandalah es un espectáculo desestructurante. Ya desde el principio, cuando en lugar de hileras de butacas nos topamos con sillones acomodados en forma semicircular, sillones que invitan a relajarse y mirar como dos trapecistas se mueven en espejo hasta que descubrimos que se trata de uno solo. La dualidad percibida cae, entonces, como una ilusión generada por un juego de sombras.
Vemos imágenes proyectadas sobre una enorme pantalla, sobre telas y sobre los cuerpos en el aire. Música brasilera, Pink Floyd, Alan Parsons, Queen, Bach y una cantante lírica en escena. Muchas sensaciones, belleza y un poco de vértigo.
Es en el Club de Trapecistas Estrella del Centenario - Ferrari 252 (cerca de Pque. Centenario)
Web: http://www.clubdetrapecistas.com.ar/

jueves, 9 de julio de 2009

Una semana solos

Celina Murga es una cineasta argentina que, avalada por el padrinazgo de Martin Scorsese presenta su segundo largometraje. La película recorre una semana en la vida de unos chicos de entre 7 y 14 años que, ante un viaje de sus padres, son dejados al cuidado de la empleada doméstica y la seguridad del country en el que viven.
Por momentos, la obra parece más un estudio científico (sociológico) que una obra de arte; de hecho, la directora se basó en el libro “Los que ganaron. La vida en los countries y barrios privados” de la socióloga argentina Maristella Svampa.
Pero la puesta en escena se nota, por ejemplo, en las imágenes saturadas de los espacios verdes del country, las cuáles contribuyen a la sensación de artificio que tiene la vida dentro de los muros.
La película, a través de los chicos, refiere al mundo adulto, a los padres ausentes, los muros y el encierro en un universo de una comodidad enfermiza en la que ni siquiera pueden servirse por sí mismos un vaso de gaseosa.
El miedo a lo diferente y a lo desconocido es puesto en escena con la visita del hermano menor de la sirvienta que es visto como un bicho raro al que no saben cómo tratar.
El problema de “Una semana solos” es que la vida cotidiana de los chicos es aburridísima y la película, por momentos puede resultar exasperante, al mostrar el monótono deambular de los chicos entre la playstation, la tele y los celulares.


Estos chicos que nunca salen de los límites del barrio privado son la verdadera gente del interior. El “otro” está afuera, ya que entre los de adentro se observa una tendencia a la homogeneidad que requiere que Murga trabaje en el nivel de los detalles y las sutilezas para dibujar algo parecido a la individualidad de los personajes.
La cámara los sigue y, de vez en cuando, en pequeños gestos o actos parece asomarse algo acerca de la verdad de los personajes y su relación con el mundo en que transcurren sus días.
Así se recorta el personaje de Sofi (recordemos que Sofía en griego significa sabiduría) una nena que podrá tener unos diez años y es por lejos la más sensata y la que trasluce la vitalidad que los niños sanos tienen y en la mayoría de estos chicos brilla por su ausencia. Sofía es la única que, a través del canto, tiene algún contacto con el arte y la sensibilidad que el mismo supone.
En el epílogo, se nos muestra algo parecido a una transformación en la hermana mayor, quien luego de no mover un dedo para esos menesteres en toda la película, se ofrece a servir la bebida a los demás.
Otro mérito de la película es el jugueteo con el final moralista en el que toda la culpa del último desmán en una casa vecina, terminará cayendo sobre el hermano de la empleada doméstica. La historia parece dirigirse derechito hacia allí pero termina eludiendo ese final demasiado previsible.

jueves, 25 de junio de 2009

Los Títulos


Ante la gran amplitud y variedad de ofertas que ofrece nuestra cultura, es el título de una obra un elemento importante en la vinculación con el espectador.

Todavía recuerdo mi encuentro con la obra del cineasta ruso Andrei Tarkovski. No sabía quién era ni había oído mencionarlo siquiera. Un día leyendo la programación de cine en el diario me topé con la película "El espejo". En aquel momento buscaba obras en las que pudiera sentirme reflejado y decidí ir. Fui por el título. Gracias a eso conocí la obra de uno de los directores más geniales que haya dado el arte cinematográfico.

"La eternidad y un día" del director griego Theodoros Angelopoulos es otro ejemplo. Me encantó el título y la fui a ver por eso, sin ninguna referencia. Así descubrí a otro director valioso.

Por el título acabo de comprar un libro (pedí que me lo regalaron, en verdad). Me jugué por el título. Se trata de "La soledad de los números primos" del italiano Paolo Giordano. Veremos qué tal resulta.

miércoles, 17 de junio de 2009

Homenaje a Roberto Santoro

El sábado 6 de junio se recordó la desaparición del poeta Roberto Santoro, en la plaza que lleva su nombre, en Avenida Forest y Teodoro García, de nuestra ciudad de Buenos Aires.
Roberto Santoro fue secuestrado por criminales del terrorismo de estado el 1° de junio de 1977. Se lo llevaron ilegalmente de la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 25 Teniente Primero de Artillería Fray Luis Beltrán, en el barrio de Once, donde el poeta trabajaba como preceptor. Nunca más se lo vio.
Desde aquí, un humilde homenaje a este hombre que tendría que haber seguido escribiendo.
Reproduzco tres breves poemas suyos.


Hoy
después de ver a una mujer
dejar caer a su hijo a través de una ranura
y disparar con su miedo a la oficina

Hoy justamente
que un militar le prendió fuego a una biblioteca
y un funcionario se masturbaba al pie de una secretaria

Hoy
precisamente hoy
que el juez de turno hizo pis arriba de los libros
y un colectivo mató una mariposa

Hoy que una muchacha me vendía su sexo por un café con leche
y yo le hablaba de poesía

Hoy
exactamente hoy
tuve que tirar el corazón por la ventana



CUADRO
Cada vez que hay un problema
el juez levanta el martillo
y el país se hunde
más adentro.


VERBO IRREGULAR
yo amo
tú escribes
él sueña
nosotros vivimos
vosotros cantáis
ellos matan.

Roberto, no te conocía hasta que fui a tu plaza a ver bailar a mi hija. Mi hija bailó por vos. Las chicas bailaron por vos. Los chicos hicieron sonar los tambores por vos, y tus amigos te recitaron.
Ojalá el arte pudiese humanizar a las bestias, lavar las heridas y ganarle al olvido.
Roberto, ellos ya no matan, y tu palabra todavía flota en el aire sobre una plaza.