martes, 18 de agosto de 2009

Fotografía - ¿Documento o ficción?

La escuela de arte de Dusseldorf fue la primera en incorporar la fotografía a sus planes de estudio. Algunos de sus mejores alumnos, hoy consagrados mundialmente, están exponiendo sus trabajos en Buenos Aires en la muestra “Espacios Urbanos” que se podrá visitar en Fundación Proa hasta el 30 de agosto.
La muestra es muy rica y solo vamos a centrarnos aquí en un par de cuestiones.
Respecto a la fotografía suelen enfrentarse dos posiciones: por un lado, aquellos que la consideran como un método para la captación de la realidad (la fotografía sería una manera de registrar una realidad objetiva) y por otro, aquellos que, haciendo hincapié en las variaciones de encuadre, foco, iluminación y punto de vista, consideran a la fotografía como una expresión subjetiva. Según esta postura, en la toma de una fotografía median las ideas del sujeto; las cuáles intervendrán en la elección de un encuadre, un foco y un manejo de la luz.
Estas son entonces las dos posturas: la fotografía como documento o la fotografía como ficción.
Andreas Gursky, Candida Höfer, Axel Hütte, Thomas Ruff, Thomas Struth (exponentes de la escuela de Dusseldorf) juegan con esta tensión de opuestos. Si en la escuela partieron desde una posición intermedia, su trabajo los fue llevando para el lado de la ficción. Ellos dibujan con la luz, haciendo honor a la etimología (Foto= luz, Grafía=dibujo). Tienen la foto en su cabeza antes de sacarla. Hay una idea previa, una intención subjetiva, una creación.

Un ejemplo: Andreas Gursky nos presenta una multitud en un recital de rock. La foto puede parecer, a simple vista, un mero documento; pero si prestamos atención accedemos a otra cosa. ¿Cómo es posible que cada uno de los integrantes de la multitud esté perfectamente en foco? El que está en una punta y el que está en otra; el que está más cerca de la cámara y el que está más lejos. No hay cámara en el mundo que pueda lograr algo así. Entonces, comenzamos a observar con atención y encontramos personas que se repiten. La foto es una construcción, una ficción; una ficción que expresa una idea. Cualquiera que haya ido a “campo” en un recital de rock o a una “popular” en futbol sabe perfectamente que empezás en un lugar rodeado de ciertas personas y el movimiento de la masa te va llevando a terminar en otro sitio con otras personas a tu lado. La foto expresa eso; como también, al jugar con la repetición, lanza la idea de la pérdida de individualidad que se da en esas circunstancias. Interesante sobre todo porque quien mira la foto al pasar apenas ve una multitud en un recital.
Estos fotógrafos resaltan la importancia de la mirada.
Uno de ellos, no recuerdo cuál ahora, probó fotografiar un edificio desde todos los ángulos posibles.
Habitualmente, y estoy hablando ahora de la vida en general, vemos las cosas desde un punto de vista, el nuestro; y creemos que las cosas son así, que lo que vemos es un registro de lo que es. Otros puntos de vista nos parecerán erróneos o, directamente, inexistentes. Una buena terapia puede ayudarnos a acceder a otros puntos de vista, hacerlos nuestros y generar otra mirada, más atenta, ver las cosas de otro modo, tener, en definitiva, una visión más amplia. El arte también puede acercarnos a eso.

Aclaración: la foto de arriba es de Andreas Gursky, y si tuviera que titularla, le pondría "La piscina que será tragada por el mar".

domingo, 9 de agosto de 2009

Sobre Stieg Larsson

Stieg Larsson era un periodista sueco dedicado a investigar los negocios sucios de la derecha europea y su vinculación con los grupos nazis de su país. Dirigía la revista “Expo”, un proyecto en el que los periodistas trabajaban ad honorem, para poder contar cosas que normalmente no tienen cabida en los medios.
En unas vacaciones, mientras su esposa escribía un libro, Stieg se aburría. Su mujer le dijo: “¿por qué no te ponés a desarrollar esa anécdota del anciano que recibía flores en su cumpleaños?”
Stieg comenzó a escribir y no pudo parar. Ese es el origen de la trilogía Millenium formada por tres libracos enormes titulados “Los hombres que no amaban a las mujeres”, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”.
Se encerró durante años a escribir, a puro sedentarismo, café, cigarrillos y comida rápida. Por cuestiones comerciales, la editorial quería tener la trilogía terminada antes de publicar el primer libro.
El día en que finalmente entregó el último libro, Larsson regresó a sus oficinas. Como el ascensor estaba descompuesto, subió los ocho pisos por escalera. Al llegar, se desmoronó de un ataque cardíaco. Falleció camino al hospital.
Obviamente, no llegaría a enterarse del éxito que su obra está teniendo, de los quince millones de ejemplares vendidos y de los elogios recibidos, fundamentalmente, por la solidez de los personajes creados.
Un detalle llamativo: en la tercera obra, uno de los personajes muere exactamente como hubo de morir Larsson.
Si estos libros son arte ya es otra cuestión, pero la historia no es menor. Un tipo que dedica su vida a una obra y muere ni bien la termina. Larsson dejó su vida en esos libros. Puso allí su sangre, derramó todo lo que le quedaba. Es probable que eso se note al leerlos.

lunes, 3 de agosto de 2009

Aliento


Otro valioso estreno en la cartelera cinematográfica: “Breath” (Aliento) del coreano Kim Ki Duk, director de “Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera”, “El tiempo” y “El arco” entre otras.
En un reportaje del año pasado, cuando le preguntaron sobre su motivación para hacer películas, Ki Duk contestó que hay cosas de la vida que él no entiende y hace películas procurando entenderlas.
Y se nota. No busquen aquí historias cerradas, finales felices ni moralejas. Las películas de Kim Ki Duk son siempre perturbadoras en cuanto bucean en las contradicciones del ser humano.
Tenemos aquí un matrimonio moribundo y una mujer que intenta recuperar el aliento vital, ese soplo (otra posible traducción del título) que distingue lo vivo de lo inerte; y lo termina encontrando en un convicto condenado a muerte. Lo visita en la cárcel y en esos breves encuentros recupera algo de la vitalidad perdida.
Un condenado, una mujer ahogada en su vida cotidiana. Aliento. Uno inhala lo que el otro exhala.
El director de la prisión monitorea los encuentros desde una pantalla y decide cuándo interrumpirlos. El director de la prisión es el director de la película que dosifica la acción y decide lo que podemos ver y lo que no. Es el dueño del corte: corta las visitas, monta la película.
Kim Ki Duk ha rechazado los dólares de Holywood porque quiere seguir siendo el dueño de los cortes de sus films; quiere seguir siendo autor. Alguien que filma aquello que no entiende en lugar de aferrarse a fórmulas repetidas.

domingo, 26 de julio de 2009

Cine - Hace mucho que te quiero


Una historia bien contada. Una actuación impresionante. La historia de Juliette, una mujer que sale de prisión pero sigue encerrada; alguien que se había salido de la vida y, luego de muchos años, logra volver. Dos hermanas que se reencuentran y ponen en juego un montón de cuestiones que no conviene revelar.
Intentaré ser breve, pensando en quienes no la han visto. Esta es una obraa la que conviene acudir sin mucha información; pero después de semejante película algo tengo que escribir; esta obra no puede pasar desapercibida por la cartelera porteña. Y de lo primero que hay que hablar es de la interpretación.
Esos supuestos actores que en todos los papeles hacen de sí mismos me recuerdan a los malos psicoanalistas que en sus interpretaciones solo intentan acomodar un conocimiento preconcebido; en lugar de recibir el saber no sabido que proviene de la subjetividad del paciente. Acostumbrados a estrellas que no manejan más de tres o cuatro gestos, la actuación de Kristin Scott Thomas reivindica la profesión. Actuar, ser otro, ponerse en la piel de otro.
Kristin Scott Thomas le entrega su cuerpo al personaje para que este emane a través suyo. Le pone tal carnadura al personaje que disuelve la pantalla. Su expresividad le da a Juliette una profundidad que conmueve. Nos hace olvidar que estamos en un cine, acá no hay buenos ni malos, hay seres humanos. “Hace mucho que te quiero”: hace mucho que no veo una actuación igual, quizás desde Meryl Streep en “La desición de Sofia”.
El director debutante Phillipe Claudel deja que la historia fluya hacia la verdad de su protagonista. Será su primera película pero este hombre es un gran narrador. Dosifica las situaciones de modo tal de generar e incrementar la intriga del espectador. Queremos saber qué hizo, luego queremos saber por qué lo hizo. Y en ese camino vemos como los personajes evolucionan. Los personajes son unos cuando la película empieza y son otros cuando termina. La obra se centra en el proceso de transformación; quizás por eso también me recuerde tanto a una buena terapia.

viernes, 24 de julio de 2009

Ernesto Pesce

“Hay otros mundos… pero están en este” dijo Paul Eluard. Algo de esto se trasluce en las obras de Ernesto Pesce, al menos en muchas de las que se pudieron apreciar en la muestra de la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. Otros mundos, en este.


No tengo autoridad para hablar de la variedad de técnicas que Pesce despliega en su obra, pluralidad que apenas percibo con torpeza. Me interesa mencionar otra cosa: la vitalidad. Pesce crea mundos o los recrea. En esos mundos hay vida, otra vida, para el que quiera ver.


Un artista es alguien que tiene otra mirada, capta cosas que a los demás se nos escapan. Hay otros mundos, están en este, una partecita se pudo ver en Buenos Aires.






Información sobre el artista en: www.ernestopesce.com.ar

martes, 21 de julio de 2009

Mandalah


Mandala es un término sánscrito que significa “círculo”. Los mandalas son diagramas circulares utilizados fundamentalmente en el budismo e hinduismo; aunque este tipo de representaciones circulares se encuentran en casi todas las culturas. Esta universalidad de los mandalas, llevó al psicoanalista Carl G. Jung a postularlos como posibles expresiones de lo inconciente colectivo.

La introducción viene a cuento de Mandalah (con h final): un espectáculo tan recomendable como difícil de clasificar. Tiene mucho de trapecismo, algo de teatro, algo de clown, mucha y variada música, bastante video. Todos esos elementos armonizan y conforman un todo, un todo circular.
El arte supone flexibilidad. El arte es lo contrario de la rigidez. Si algo destaca en Mandalah es la flexibilidad de los cuerpos en el aire. Los trapecistas van formando mandalas. Conforman una estructura y al rato la deshacen para generar otra. Por momentos la estructura se nos cae encima.
En psicoanálisis se dice que el neurótico genera una estructura en su primera infancia y luego se esconde en ella, queda atrapado. La estructura aprisiona, genera sufrimiento pero a la vez da seguridad, por eso solemos emperrarnos
Mandalah es un espectáculo desestructurante. Ya desde el principio, cuando en lugar de hileras de butacas nos topamos con sillones acomodados en forma semicircular, sillones que invitan a relajarse y mirar como dos trapecistas se mueven en espejo hasta que descubrimos que se trata de uno solo. La dualidad percibida cae, entonces, como una ilusión generada por un juego de sombras.
Vemos imágenes proyectadas sobre una enorme pantalla, sobre telas y sobre los cuerpos en el aire. Música brasilera, Pink Floyd, Alan Parsons, Queen, Bach y una cantante lírica en escena. Muchas sensaciones, belleza y un poco de vértigo.
Es en el Club de Trapecistas Estrella del Centenario - Ferrari 252 (cerca de Pque. Centenario)
Web: http://www.clubdetrapecistas.com.ar/

jueves, 9 de julio de 2009

Una semana solos

Celina Murga es una cineasta argentina que, avalada por el padrinazgo de Martin Scorsese presenta su segundo largometraje. La película recorre una semana en la vida de unos chicos de entre 7 y 14 años que, ante un viaje de sus padres, son dejados al cuidado de la empleada doméstica y la seguridad del country en el que viven.
Por momentos, la obra parece más un estudio científico (sociológico) que una obra de arte; de hecho, la directora se basó en el libro “Los que ganaron. La vida en los countries y barrios privados” de la socióloga argentina Maristella Svampa.
Pero la puesta en escena se nota, por ejemplo, en las imágenes saturadas de los espacios verdes del country, las cuáles contribuyen a la sensación de artificio que tiene la vida dentro de los muros.
La película, a través de los chicos, refiere al mundo adulto, a los padres ausentes, los muros y el encierro en un universo de una comodidad enfermiza en la que ni siquiera pueden servirse por sí mismos un vaso de gaseosa.
El miedo a lo diferente y a lo desconocido es puesto en escena con la visita del hermano menor de la sirvienta que es visto como un bicho raro al que no saben cómo tratar.
El problema de “Una semana solos” es que la vida cotidiana de los chicos es aburridísima y la película, por momentos puede resultar exasperante, al mostrar el monótono deambular de los chicos entre la playstation, la tele y los celulares.


Estos chicos que nunca salen de los límites del barrio privado son la verdadera gente del interior. El “otro” está afuera, ya que entre los de adentro se observa una tendencia a la homogeneidad que requiere que Murga trabaje en el nivel de los detalles y las sutilezas para dibujar algo parecido a la individualidad de los personajes.
La cámara los sigue y, de vez en cuando, en pequeños gestos o actos parece asomarse algo acerca de la verdad de los personajes y su relación con el mundo en que transcurren sus días.
Así se recorta el personaje de Sofi (recordemos que Sofía en griego significa sabiduría) una nena que podrá tener unos diez años y es por lejos la más sensata y la que trasluce la vitalidad que los niños sanos tienen y en la mayoría de estos chicos brilla por su ausencia. Sofía es la única que, a través del canto, tiene algún contacto con el arte y la sensibilidad que el mismo supone.
En el epílogo, se nos muestra algo parecido a una transformación en la hermana mayor, quien luego de no mover un dedo para esos menesteres en toda la película, se ofrece a servir la bebida a los demás.
Otro mérito de la película es el jugueteo con el final moralista en el que toda la culpa del último desmán en una casa vecina, terminará cayendo sobre el hermano de la empleada doméstica. La historia parece dirigirse derechito hacia allí pero termina eludiendo ese final demasiado previsible.