viernes, 19 de noviembre de 2010

Música - Carl Palmer Band

Confieso que cuando me enteré de su visita surgieron algunos prejuicios. ¿La música de Emerson Lake and Palmer solo con Palmer? Pensé (esto no es pensar, es una idea prejuiciosa que se dispara en la cabeza) que el hombre vendría a ganarse unos mangos a Sudamérica, aprovechando los resabios de una fama un tanto perdida en el tiempo.
La desconfianza se fue apaciguando al encontrar en YouTube algunos videos de la Carl Palmer Band que mostraban fragmentos de show más que interesantes; y terminó de desvanecerse por completo apenas comenzado el espectáculo.

Palmer puso sobre el escenario todo lo que tiene. Y tiene mucho. Energía, furia, música, virtuosismo, humor, simpatía y hasta el esfuerzo de hablar casi siempre en español. No tenía un papel en el piso como McCartney. ¿Dónde aprendió este “muchacho”? En la presentación de Trilogy, se permitió bromear sobre la tapa del disco: “El de la derecha, soy yo, el más guapo” y en español calificó a “Love Beachcomo un “disco muy malo, culpa mía también”. “¿Quieren más? Yo también” declaró promediando la noche.

Era Carl Palmer, el mejor baterista de rock del mundo, uno iba preparado para un solo de batería, pero el que hizo en “Fanfarrea para el hombre común” fue lo mejor que he visto en mi vida. Todos los sonidos que se le pueden sacar una batería, uno detrás del otro en perfecta armonía. Tremendo. Me llamó la atención la actitud de este músico brillante. No se le vio una postura circense del tipo “miren todo lo que puedo hacer”. No, lo hizo con una disposición más bien lúdica. Palmer jugaba con el instrumento, se divertía él y se compenetraba de modo tal que la música parecía llevarlo a otro estado como si hubiera entrado en trance.

Pero Palmer no vino solo. El nombre “Carl Palmer Band” estuvo lejos de ser un eufemismo. Son una banda en serio. Simon Fitzpatrick lució muy seguro en el bajo y hasta le dio un descanso a Palmer haciendo “Rapsodia Bohemia” de Queen, toda completita, con los coros incluidos, todo con el bajo. ¡Notable!

Ni hablar de Paul Bielatowicz. Apenas apareció por el escenario, flaquito, bajito, parecía un nene. Ni bien empezó a tocar ¡qué nene! Hizo suya la guitarra, se paseó por todos los registros, tocó limpio sobre el silencio, jugó con las posibilidades de los pedales, un pichón de Steve Howe, un nerd de la guitarra. Nunca un acorde de fogón, no, los dedos recorriendo las cuerdas a toda velocidad encontrando siempre su camino. Todo lo que Emerson tocaba en los teclados lo hizo Paul en su guitarra, nota por nota. ¡Un hallazgo!

La ejecución de “Cuadros para una exposición”, basada en la obra de Mussorgsky, con imágenes del Acorazado de Potemkim por detrás, fue quizás el pico más alto de un show sin fisuras, en el que también se destacaron "Hoedown", “Tarkus”, una versión rockera de “Carmina Burana” y la más conocida del “Cascanueces” de Tchaikovski. “Cuadros”, en particular, es una de las piezas más sublimes que ha dado el rock sinfónico y la ejecución de la Carl Palmer Band no hizo más que resaltarla.

En el teatro hubo mucho fervor del público, y admiración también ante lo que llegaba desde el escenario, pero no estaba lleno del todo. Quedaron varias butacas vacías que supimos aprovechar los que estábamos atrás para acercarnos al escenario, butacas que que podrían haber ocupado otros que también habrán dudado de la jerarquía de lo que se ofrecía y, esta vez, se dejaron ganar por los prejuicios.


Los prejuicios parten de la ignorancia y se disuelven abriéndose a la cosa en sí. Ojalá vuelva a repetirse un show así en Buenos Aires… y ese día, a llenar el teatro.

2 comentarios:

Engomado dijo...

Concuerdo con tu comentario, yo estuve en el concierto que dio en Chile y efectivamente fues espectacular

vangelisideras dijo...

Me adjunto al comentario, los vi hace una semana en España, una maravilla!