
viernes, 29 de noviembre de 2013
Cine - Blue Jazmine

viernes, 24 de agosto de 2012
Cine - Woody Allen - A Roma con amor
Roma es un film absolutamente disfrutable, con momentos disparatados y unas cuantas ocurrencias dignas de aplauso (no es una apreciación meramente personal; en el cine las risas eran generalizadas). Es una película coral sí, pero que no cae en el lugar común de este tipo de obra. Aquí las historias no se cruzan o, en todo caso, se cruzan con la ciudad de Roma pero nunca entre sí. De los muchos personajes, algunos están más logrados que otros pero los menos acabados resultan como mínimo interesantes o simpáticos y los demás deparan momentos inolvidables. El humor de Woody Allen además de ocurrente, promueve la reflexión, es un humor ácido, que deja al desnudo infinidades de actitudes humanas. Roberto Benigni siempre me ha resultado un plato de difícil digestión pero acá está genial, es el actor justo para el rol y no es el único acierto de Allen en ese sentido. El personaje que se vuelve famoso de la noche a la mañana sin haber hecho nada que lo amerite y que, al poco tiempo y con la misma ligereza, vuelve a ser un don nadie, asoma como una tomada de pelo a esta cultura de realities y de cinco minutos de fama tan en boga en los últimos tiempos, donde las personas son utilizadas y descartadas por los medios. Woody Allen lleva la situación al absurdo de millares de personas interesadas en saber si el personaje de Benigni duerme boca arriba o boca abajo o si prefiere sleeps o boxers, pero basta encender la televisión y hacer una recorrida para encontrar por doquier reportajes por el estilo.
Otra historia muy lograda es la de la provinciana (Alexandra Mastronardi) que idealiza a los artistas. En otra genialidad, Allen nos presenta a un galán de cine, gordo, pelado (Antonio Albanese) y de modales toscos que las mujeres ven como si fuese una deidad.
Se mofa de la hipocresía de las clases altas, con la prostituta (Penélope Cruz) que todos miran con desdén en público y visitan en privado; y también del arte como ritual solemne e impostado, con el tipo que solo puede cantar bien en la ducha. No falta tampoco, uno de sus temas más transitados: la fragilidad de las relaciones de pareja., la seducción, la infidelidad.
En definitiva, Allen nos hace reír mostrando cosas que son “para llorar” y, por momentos, nos hace llorar de la risa.
Roma, además y como si esto fuera poco, ofrece el plus de volver a tener a Woody en la pantalla y, en cada función, la carcajada brota ante el primer bocado que mete.
No me interesa ubicar a “Roma” en un imaginario ranking entre los films del propio Woody Allen, me contento apenas con recomendar una de las mejores películas que pueden verse en nuestra cartelera.
lunes, 8 de agosto de 2011
Cine - Medianoche en París - Woody Allen
Hasta hace algunas décadas atrás solía escucharse todavía eso de que los niños venían de París. Para Woody Allen, lo que viene de París es la inspiración, esa que brota de una serie de hermosos planos de la ciudad con la que inicia la obra; esa que busca Gil (Owen Wilson), escritor de guiones de Hollywood que aspira a ser un gran novelista. Y el hechizo, al revés que en la fábula de la cenicienta, comienza a las doce, momento en que, también un carruaje, lo transportará hasta esa París que, según Hemingway, era una fiesta. Y la fiesta la podremos disfrutar los espectadores, cuánto más ilustrados mejor, dado que en este pasaje fantástico que Allen no se preocupará por explicar, Gil interactuará con Scott Fitzgerald y su mujer Zelda, T.S Elliot, Cole Porter, Gertrude Stein, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Man Ray, Luis Buñuel.
Otra de las genialidades de Allen consiste en lograr una película muy original partiendo de una acumulación de clisés. Los padres de la novia, son el estereotipo del repúblicano de California. No los mueve otro interés más allá de los negocios y los bienes materiales. No le ven la gracia a caminar bajo la lluvia y cualquier comentario poético de Gil lo adjudican a un tumor cerebral. Estereotipados aparecen también los personajes históricos, y algunos secundarios como el sabelotodo petulante.
Aquí se conforma otra dualidad: el saber de los libros versus el saber de
Desde que ha dejado de actuar, Woody Allen ha utilizado alter egos. Owen Wilson es uno de los más logrados: la letra que Allen le da, la pronuncia con la misma cadencia con que Allen lo hacía en sus tiempos de actor. Esto le termina de otorgarle a la obra la fluidez que el guión requería.Si en la anterior “Conocerás al hombre de tus sueños” teníamos un conjunto de personajes insatisfechos con sus vidas, aquí los tenemos insatisfechos con su tiempo. Gil añora el París de los años veinte, Adriana (Marion Cotillard) añora la belle epoque, los pintores la belle epoque añoran el renacimiento y la rueda sigue hasta que Gil decide bajarse.

La etimología dicta alguna vinculación entre originalidad y origen. Para ser original, Woody Allen vuelve al origen; al París de dónde venían los niños, al París de dónde proviene la inspiración.


