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viernes, 29 de noviembre de 2013

Cine - Blue Jazmine


La última creación de Woody Allen presenta una paradoja: si bien es protagonizada por mujeres y la narración se centra en ellas, se trata de mujeres que dependen de los hombres; de uno que las ame o haga semblante de hacerlo, para lo cual debe cumplir con ciertos requisitos. A Jazmine, interpretada por una Cate Blanchet que brinda una clase magistral de actuación, se le ha desvanecido el mundo que había tejido alrededor de su marido, un especulador empresario, tramposo tanto en los negocios como en el matrimonio.

Jazmine no tiene vida propia (hasta reemplaza su nombre por uno que suene mejor), carece de intereses y proyectos que la entusiasmen. Su vida de compras por las tiendas lujosas de la ciudad ha quedado atrás; sola y sin un dólar, acude a vivir por un tiempo a lo de su hermana “pobre”, quien la recibe con buena voluntad pese a los desplantes que ha recibido de ella en el pasado. Allí, chocará con el novio de la hermana, un hombre ordinario según ella, en una trama con resabios a “Un tranvía llamado deseo”. Mediante una serie de idas y venidas en el tiempo, Allen nos va revelando la historia de ambas hermanas de adopción.

Lejos de un replanteo serio de vida, Jazmine buscará por todos los medios otro hombre que le devuelva ese mundo perdido, un reemplazo del anterior, un hombre que haga las veces de prótesis, que la vuelva a situar en ese mundo de apariencias.

No hay príncipe azul ni cuento de hadas en Blue Jazmine. La protagonista comienza y termina la obra hablando sola, aislada en un sentido del que no puede escapar.

La película puede ser vista como un caso clínico pero ofrece varias lecturas, dado que la crisis en los negocios del marido empresario remite a la crisis financiera que sacudió a los Estados Unidos y, en mayor o menor medida, al resto dl mundo. Allen no se priva de subrayar la banalidad, la pobreza de espíritu de la clase corporativa que causó la crisis, cuyas consecuencias afectan las vidas de los personajes. El montaje paralelo que alterna los tiempo de bonanza y ocaso de Jazmine, permite confrontar las figuras envueltas en el ocio aristocrático con la gente común, laburante; y si algo parecido a la felicidad se vislumbra en la historia, se parece más a una pizza compartida entre amigos que a todo lo que puede comprarse en Park Avenue.

viernes, 26 de octubre de 2012

Cine - El estudiante

En tiempos en que los jóvenes parecen estar volviendo a la política tras una generación desencantada al respecto, el film “El estudiante” de Santiago Mitre resulta de visión muy recomendable. Para los jóvenes en particular porque permite una serie de reflexiones sobre las formas de encarar la militancia política, rescatando y poniendo en primer plano el dilema ético tan bastardeado desde hace tiempo. Asimismo, la recomendación es extensiva a todo tipo de público porque “El estudiante” es una gran película, de lo mejor que le he visto producir al cine argentino, lo cual no es poco decir, dada la calidad de obras que se están estrenando. La obra relata la historia de un joven que viene del interior a estudiar en la Universidad de Buenos Aires. Roque (Esteban Lamothe) recorre la ciudad y los claustros como un forastero que llega a un lugar desconocido. En un principio parece interesarse solo en las mujeres que va conociendo, una compañera primero (Valeria Correa) y una profesora (Romina Paula) después, aunque la relación con ellas lo va haciendo ingresar a un mundo en el que poco a poco aprende a manejarse hasta descubrirse poseedor de cierta habilidad para los menesteres de la política.
La puesta en escena y la dirección de actores logra que los espectadores ingresemos a esas aulas como el propio personaje, como observadores extrañados primero hasta ir compenetrándonos de a poco y por completo. Tal es la sensación de realismo que logra Mitre (la naturalidad de los diálogos es notable) que durante la proyección olvidé que estaba en el cine y viví la historia como si estuviera dentro de las aulas, caminando por esos pasillos e interviniendo en los debates. La cuestión ética entonces por un lado y el realismo de la puesta en escena por otro, conforman una combinación poco frecuente y muy lograda. La escena final en la que Roque debe responderle a Acevedo si acepta su propuesta se prestaba a un final abierto, sin embargo el director toma partido y en lugar de fundir a negro con el rostro de Roque a punto de emitir la respuesta, nos regala unos segundos más en los que Roque lanza su palabra, con la misma convicción con la que Mitre ha lanzado esta película al mundo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Cine - Woody Allen - A Roma con amor

Parece haberse convertido en un clisé decir, ante el estreno de cada uno de sus nuevos films, que no estamos ante la mejor película de Woody Allen. Este lugar común, repetido hasta el abuso en las reseñas más el afán despectivo que encierra, resulta sospechoso cuando menos de pereza de parte del crítico, amén de cuestiones casi inadmisibles como que le asignen “dos estrellas” de puntuación cuando no se privan de ponerle cuatro a cualquier “tanque” de Hollywood.
Roma es un film absolutamente disfrutable, con momentos disparatados y unas cuantas ocurrencias dignas de aplauso (no es una apreciación meramente personal; en el cine las risas eran generalizadas). Es una película coral sí, pero que no cae en el lugar común de este tipo de obra. Aquí las historias no se cruzan o, en todo caso, se cruzan con la ciudad de Roma pero nunca entre sí. De los muchos personajes, algunos están más logrados que otros pero los menos acabados resultan como mínimo interesantes o simpáticos y los demás deparan momentos inolvidables. El humor de Woody Allen además de ocurrente, promueve la reflexión, es un humor ácido, que deja al desnudo infinidades de actitudes humanas. Roberto Benigni siempre me ha resultado un plato de difícil digestión pero acá está genial, es el actor justo para el rol y no es el único acierto de Allen en ese sentido. El personaje que se vuelve famoso de la noche a la mañana sin haber hecho nada que lo amerite y que, al poco tiempo y con la misma ligereza, vuelve a ser un don nadie, asoma como una tomada de pelo a esta cultura de realities y de cinco minutos de fama tan en boga en los últimos tiempos, donde las personas son utilizadas y descartadas por los medios. Woody Allen lleva la situación al absurdo de millares de personas interesadas en saber si el personaje de Benigni duerme boca arriba o boca abajo o si prefiere sleeps o boxers, pero basta encender la televisión y hacer una recorrida para encontrar por doquier reportajes por el estilo.

Otra historia muy lograda es la de la provinciana (Alexandra Mastronardi) que idealiza a los artistas. En otra genialidad, Allen nos presenta a un galán de cine, gordo, pelado (Antonio Albanese) y de modales toscos que las mujeres ven como si fuese una deidad.

Se mofa de la hipocresía de las clases altas, con la prostituta (Penélope Cruz) que todos miran con desdén en público y visitan en privado; y también del arte como ritual solemne e impostado, con el tipo que solo puede cantar bien en la ducha. No falta tampoco, uno de sus temas más transitados: la fragilidad de las relaciones de pareja., la seducción, la infidelidad.
En definitiva, Allen nos hace reír mostrando cosas que son “para llorar” y, por momentos, nos hace llorar de la risa.
Roma, además y como si esto fuera poco, ofrece el plus de volver a tener a Woody en la pantalla y, en cada función, la carcajada brota ante el primer bocado que mete.

No me interesa ubicar a “Roma” en un imaginario ranking entre los films del propio Woody Allen, me contento apenas con recomendar una de las mejores películas que pueden verse en nuestra cartelera.

jueves, 16 de agosto de 2012

Cine y Ecología– Green Film Fest en Buenos Aires





Entre el 16 y el 22 de agosto se estará llevando a cabo la tercera edición del Festival Internacional de Cine Ambiental, en el Cinemark de Palermo (Bulnes y Berutti). El programa del mismo consta de 14 films documentales que abordan distintos aspectos de la problemática ambiental.

Es difícil recomendar obras sin haberlas visto aún, por lo que me limito a mencionar algunas obras que vienen precedidas de buenos comentarios.

En “La sed del mundo”, el fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand, cuya muestra “La tierra vista desde el cielo” recorrió todo el mundo incluyendo la Argentina hace algunos años, revela junto a Thierry Piantanida y Baptiste Rouget-Luchaire, la problemática del agua potable.

Play again”, del director norteamericano, Tonje Hessen Schei, aborda las consecuencias de que los niños pasen mucho más tiempo frente a pantallas que ante un entorno natural.

En “The clean bin Project”, el canadiense Grant Baldwin y su pareja Jen, documentan el año en que se propusieron vivir sin generar ningún tipo de basura.

Sushi”, dirigida por Mark Hall, muestra cómo la industria del sushi está alterando el equilibrio ecológico en los mares.

Visual Telegrams” se anuncia como un ejercicio conjunto en el que treinta directores de diferentes países (Pablo Trapero representa a la Argentina) presentan cada uno un cortometraje de dos minutos (de ahí lo de telegrama visual) sobre cuestiones ambientales y el cuidado del planeta.

La programación completa puede verse en www.greenfilmfest.com.ar



lunes, 5 de marzo de 2012

Cine - El artista

¿Qué tiene esta película como para gustarle a todo el mundo? Habrá alguna excepción por ahí, por supuesto, pero el film de Michael Hazanavicius, teniendo todos los atributos necesarios para ser rechazado (es mudo, en blanco y negro, no tiene escenas de sexo, ni siquiera un beso, no hay tiros… bueno, en verdad, sí hay un tiro), sin embargo, ha logrado cautivar tanto al espectador que consume los estrenos del momento sin preocuparse por conocer el nombre y antecedentes del director; como también a los cinéfilos, incluso a aquellos recelosos de las nominaciones del Oscar y más proclives al cine coreano o iraní.


¿Qué tiene el artista (no confundir con el homónimo film argentino, también muy recomendable y comentado en este blog tiempo atrás) como para generar tal grado de aceptación? Formulo la pregunta como se supone deben formularse, es decir, sin la respuesta a mano.



La historia del film transcurre durante una época de cambio: el pasaje del cine mudo al sonoro, generador de toda una revolución en la industria cinematográfica. Tenemos un personaje que se adapta y otro que no. Alguien que sube y alguien que cae en desgracia.




Los tiempos actuales son cada vez más vertiginosos y los momentos de cambios casi constantes. Hoy en día el mundo nos exige adaptaciones permanentes. Atrás quedaron los tiempos de nuestros abuelos, que trabajaban toda su vida en el mismo lugar, haciendo la misma tarea y con ellos también las heladeras que duraban toda una vida y las lamparitas que iluminaban durante años. Ahora los aparatos tienen fecha de caducidad, la tecnología genera objetos que pasan, en pocos meses o años, de ser un “boom” a meros desechos. El mundo actual nos pone a cada rato en la posición del personaje de George Valentin (interpretado por Jean Dujardin). Todo el tiempo tenemos que estar adaptándonos a algo.



Al comienzo del film, George Valentin es un actor de moda, sus películas repiten una fórmula que llena los cines. George gana mucho dinero y la muchedumbre lo aclama, sin embargo, parece aislado en el éxito, se relaciona con los demás por conveniencia y carece de vínculos reales, exceptuando la relación con su perro y luego la que despertará con Peppy Miller (interpretada por la argentina Berenice Bejo).

El cambio que implica la llegada del cine sonoro desestabiliza el falso status de George. Su prestigio comienza a caer y queda sumido en un estado lastimoso, del que es rescatado por el afecto de su perro y su amada. Un perro y un amor lo sostienen hasta que George logra su primer balbuceo. Contra lo que puedan suponer los devotos de la fama, la película muestra con claridad que tanto en el éxito como en el fracaso posterior, George Valentin está solo, alienado, lejos de sí.

Está muy bien lograda la escena en que George queda aturdido por el ruido de las cosas mientras no puede escuchar su propia voz. En estos tiempos tan vertiginosos, se hace difícil dar con la propia voz. Entre tanto ruido, tantos objetos y exigencias, no resulta sencillo hacer lazo con los otros como tampoco escucharse a uno mismo. Quizás por algo de esto, nos veamos reflejados en “El artista”.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cine - Música - Peter Gabriel 3D

Peter Gabriel no se cansa. En los setenta, aclamado como líder del mítico grupo Génesis, sintió el deseo de tomar otros rumbos musicales e inició su carrera solista. A esta altura podría vivir de tremendos hits como “Sledgehammer”, “D’ont give up” o “Steam”; sin embargo, vuelve a arriesgar, a explorar nuevas sendas. En esta ocasión, cambia los instrumentos tradicionales del rock por una orquestra de disposición clásica aunque con una dirección moderna a cargo de Ben Foster.




En estos días, hemos podido ver en algunas salas 3D de nuestro país, la película “Peter Gabriel & the New Blood Orchestra 3D”, filmación en HD y 3D de un concierto realizado en marzo de este año en el Teatro Hammersmith Apolo de Londres.


En primera instancia, un concierto de rock sin guitarras ni baterías (“no drums, no guitars” puede leerse en el afiche original) generaba ciertas dudas; pero las mismas se disiparon a los pocos segundos de comenzada la proyección.


Ya desde la innovadora versión de “Intruder” percibimos que no se trata de la pomposa inclusión de una orquesta sino de nuevos arreglos, según palabras del propio Gabriel “las viejas canciones tratadas con una nueva paleta”. Como un intento de legitimar la “calidad” de su música, muchas bandas de rock han incluido orquestas sinfónicas en sus conciertos, pero en la mayoría de los casos, la orquesta ha sonado desdibujada, acompañando de fondo la melodía principal, casi como un relleno. Esto no sucede aquí. Gabriel, trabajó en conjunto con John Metcalfe en los arreglos para la orquesta, logrando que la misma se apropiara de las canciones. Los arreglos son de una sutileza que conmueve. Canciones como “Digging in the dirt”, “San Jacinto” adquieren una vitalidad nueva; y en ese contexto, la voz de Gabriel alcanza su mayor expresividad.

La película no tiene desperdicio, la cámara se pasea entre los instrumentos y la calidad del sonido es tal que podemos escuchar cada instrumento, desde el timbal hasta el triangulo. Es de esas obras que uno no quiere que terminen.


La neurología ha enseñado que la inteligencia reside en las conexiones neuronales y el psicoanálisis, a su vez, que el establecimiento de lazos es inherente a la salud mental.


Peter Gabriel hace lazos. Con otros tiempos, con otros lugares, con otros artistas, con otras generaciones. Enlaza el rock con la música clásica, integra ritmos de diferentes lugares del mundo, promueve intercambio con otros músicos, incluso con los de las nuevas generaciones (en el film interpreta una estupenda versión del tema “Aprés moi” de Regina Spektor), y produce un espectáculo de altísimo que nivel, que el viernes 18 de noviembre podremos ver en vivo, en Buenos Aires.

viernes, 28 de octubre de 2011

Danza - Cine - Pina

Pina Bausch fue una bailarina y coreógrafa alemana, gran figura de la danza contemporánea fallecida en forma abrupta en el año 2009.
Win Wenders, el reconocido cineasta del mismo origen, famoso por sus películas “París-Texas” y “Las alas del deseo” entre otras, quedó tan impactado al asistir a una representación de Bausch, que empezó a seguirla de cerca hasta volverse amigos.En el marco de esta relación surgió la idea de hacer una película en conjunto, sobre el trabajo de la coreógrafa. El fallecimiento sorpresivo de Pina decidió a Win Wenders a mutar la idea original y transformar la película en una especie de homenaje.


Cuando dos talentos se juntan puede surgir algo especial; y eso es lo que sucede en Pina.


Pese a reducirse a una secuencia de piezas de baile, es tal la expresividad de las coreografías y tan precisa siempre la ubicación de la cámara, que la obra produce momentos dramáticos, momentos de risa y momentos de reflexión como si se tratase de una obra narrativa tradicional.


Wim Wenders aprovecha la tecnología 3D para trasladar al espectador por el espacio del escenario, logrando que esta nueva tecnología, hasta el momento bastante poco usufructuada, se ponga al servicio del hecho artístico.



“Pina” no solo ofrece información sobre vida y obra de Pina Bausch (se representan fragmentos de sus obras ‘Café Müller’, ‘La consagración de la primavera’, ‘Vollmond’ y ‘Kontakthof’) sino que constituye una obra pionera en el uso de las posibilidades expresivas del 3D.

Los bailarines, sus bailarines, no la rememoran con discursos sino bailando; no le dedican las consabidas palabras de enaltecimiento post-morten, le tributan una improvisación, una danza. Algo que salta a luz en la obra es el estilo personal de los bailarines, cada cual le pone a la danza su propia impronta. No bailan todos igual. Pina, como maestra, en lugar de enseñar un "pasito" para que todos lo repitan, procuraba extraer de cada bailarín el movimiento propio, distintivo de cada cual, aquello que dormía en su interior. En este punto, su tarea revela puntos de contacto con el del buen psicoanalista, partero de subjetividades, quien escuchando promueve que cada cual encuentre su propia voz.


Casi no hay parlamentos durante la película, quizás por eso ganan en contundencia las palabras de Pina que Wenders elige para terminar el film: “Bailemos, bailemos, de lo contrario estamos perdidos”. Lo que de seguro no habría que perderse es el lujo de ver esta película.

martes, 6 de septiembre de 2011

Festival de Cine Nueva Mirada

El Festival Internacional de Cine Nueva Mirada para la Infancia y la Juventud ya va por su décima edición y aún pasa desapercibido para muchos padres y, por añadidura, para muchos niños. Se trata de una propuesta organizada por la Asociación Nueva Mirada con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) con el objetivo de acercar al público infanto-juvenil de nuestro país una serie de películas que no tienen cabida en el circuito comercial.

Nuestros tiempos se caracterizan por un predominio de la imagen. Los niños y los jóvenes se educan a partir de las imágenes que ven en la televisión, en el cine y en la web. En este sentido, es bienvenida esta propuesta que promueve una mayor diversidad en un campo prácticamente monopolizado por Disney y Pixar.
La calidad de los films es muy buena y sorprende que no tengan acceso a los circuitos de exhibición películas como “El gran oso” de Esben Toft Jacobsen (Dinamarca, 2011).


Con personajes queribles y sin golpes bajos, esta película danesa de dibujos animados presenta una historia de múltiples lecturas que, en forma gradual nos va llevando desde un ambiente realista hacia un terreno fantástico, en el trayecto de la ciudad al campo y del campo al bosque. En el marco de la profundidad de lecturas, ese oso puede ser un animal, puede representar la naturaleza entera (y la relación del hombre con ella), como también puede representar, no es descabellado pensarlo, el inconciente. Es así como tenemos una casita, un muro que la rodea y la prohibición de atravesarlo. Basta que algo se prohíba para que tiente, cosa que la película logra generar en el espectador, por lo que acompañaremos a los niños protagonistas en la travesía hacia ese gran oso que aparece y desaparece, como el inconciente que irrumpe en un sueño, en un desliz, en un lapsus, para luego desvanecerse en el paisaje.

El festival finaliza el miércoles 7 de septiembre, con la proyección de los films premiados.

Para mayor información, consultar el sitio del festival: http://www.nuevamirada.com/homeF_esp.htm

lunes, 8 de agosto de 2011

Cine - Medianoche en París - Woody Allen

Hasta hace algunas décadas atrás solía escucharse todavía eso de que los niños venían de París. Para Woody Allen, lo que viene de París es la inspiración, esa que brota de una serie de hermosos planos de la ciudad con la que inicia la obra; esa que busca Gil (Owen Wilson), escritor de guiones de Hollywood que aspira a ser un gran novelista. Y el hechizo, al revés que en la fábula de la cenicienta, comienza a las doce, momento en que, también un carruaje, lo transportará hasta esa París que, según Hemingway, era una fiesta. Y la fiesta la podremos disfrutar los espectadores, cuánto más ilustrados mejor, dado que en este pasaje fantástico que Allen no se preocupará por explicar, Gil interactuará con Scott Fitzgerald y su mujer Zelda, T.S Elliot, Cole Porter, Gertrude Stein, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Man Ray, Luis Buñuel. En un momento, como al pasar, Gil le da a Buñuel la idea para la película “El ángel exterminador”. Le propone un grupo de personas que no pueden salir de un salón y se quedan encerrados allí. Buñuel permanece atónito y pregunta: “¿por qué no salen y se van? No entiendo”. Gil le replica: “Porque no pueden”, ante lo que Buñuel insiste no entender. Según pude averiguar, en su momento, el estreno de “El ángel exterminador” deparó innumerables interpretaciones de los críticos, lo que llevó a Buñuel a agradecer socarronamente a los críticos por explicarle lo que él mismo no entendía de su película. De este tipo de detalles hay varios en el film y se pierden si uno no está al tanto de ciertas cuestiones; pero estas referencias están distribuidos de tal modo que no afectan el nudo de la historia, por lo que la película puede resultar más o menos rica para cada espectador sin que se pierda lo esencial.
Otra de las genialidades de Allen consiste en lograr una película muy original partiendo de una acumulación de clisés. Los padres de la novia, son el estereotipo del repúblicano de California. No los mueve otro interés más allá de los negocios y los bienes materiales. No le ven la gracia a caminar bajo la lluvia y cualquier comentario poético de Gil lo adjudican a un tumor cerebral. Estereotipados aparecen también los personajes históricos, y algunos secundarios como el sabelotodo petulante.



Aquí se conforma otra dualidad: el saber de los libros versus el saber de la experiencia. El profesor pedante comienza a dar cátedra sobre uno de los cuadros de Picasso y Gil, quien en una de sus incursiones al pasado presenció las vicisitudes de la creación del cuadro, lo refuta por primera vez. Allen arma todo un hilado de lugares comunes que producen una textura original, con algunos momentos desopilantes como la resolución del asunto del detective privado que le ponen los padres de su novia a seguirlo en sus incursiones nocturnas.


Desde que ha dejado de actuar, Woody Allen ha utilizado alter egos. Owen Wilson es uno de los más logrados: la letra que Allen le da, la pronuncia con la misma cadencia con que Allen lo hacía en sus tiempos de actor. Esto le termina de otorgarle a la obra la fluidez que el guión requería.


Si en la anterior “Conocerás al hombre de tus sueños” teníamos un conjunto de personajes insatisfechos con sus vidas, aquí los tenemos insatisfechos con su tiempo. Gil añora el París de los años veinte, Adriana (Marion Cotillard) añora la belle epoque, los pintores la belle epoque añoran el renacimiento y la rueda sigue hasta que Gil decide bajarse.



En un acto quizás irreverente, me animo a confesar que le hubiera dado a la película un final distinto. Hubiera terminado con Gil caminando solo bajo la lluvia, pero Allen dispone un final feliz, en una última apelación al clisé, lo cual no deja de tener lógica ni impide redondear una gran película. Al fin de cuentas, si de París venían los niños es porque París es la ciudad del amor, por lo que Gil no podría terminar deambulando solo.


La etimología dicta alguna vinculación entre originalidad y origen. Para ser original, Woody Allen vuelve al origen; al París de dónde venían los niños, al París de dónde proviene la inspiración.








miércoles, 20 de julio de 2011

DVD - Los Marziano

En tiempos invernales es casi estadístico el aumento de alquileres de DVD por lo que me permito en esta ocasión recomendar uno de los últimos estrenos en la Argentina. Es probable que la película decepcione a muchos espectadores, no por sí misma sino por las expectativas que pueden haber generado los afiches, los avances, la presencia de Francella. “Los Marziano”, tercer film de Ana Katz, no es una comedia familiar, no es un drama que aborde temas “importantes” ni mucho menos un policial, aunque juegue con elementos de esos géneros para presentar un momento en la vida de una familia, centrada en dos hermanos.
El hecho de que los hermanos estén distanciados no es en la película algo que se diga, es algo que se muestra; de hecho, los personajes de Puig y Francella no comparten plano hasta recién el final. La directora del film, mujer, como las que intentan promover la reunión de los hermanos en la familia, va mostrando sus vidas mediante una sucesión de pinceladas paralelas. La distancia, entonces, no es algo que se nos informe, no es algo que se ponga en boca de un personaje, como suelen resolverse muchas veces estas cuestiones, no, Ana Katz nos lleva a sentir esa distancia. El paralelismo incluye dos síntomas: la obsesión del personaje de Puig ante esos misteriosos pozos que comienzan a aparecer en el country donde vive, y la extraña discapacidad del personaje de Francella, que de un día para el otro pierde la capacidad de leer. Juan (Francella) muestra una imposibilidad de acceder al mundo de las convenciones establecidas, queda excluido, queda fuera. Su hermano Luis (Puig), por el contrario, parece dominarlo, tiene éxito, dólares, esposa, propiedades; parece haber llegado a lo más alto y sin embargo se muestra tan vacío como su hermano pobre. Agujeros existenciales, uno real (esos pozos sobre los que nada válido puede decirse), otro simbólico (la incapacidad de leer como una insuficiencia en el acceso a lo simbólico) que nada logra taponar. Esa distancia, ese vacío, se juega también en el tono de la película. Por momentos parece ir hacia la comedia pero cuando nos preparamos para la carcajada, el clima se corta. En otros momentos la brújula aparenta encaminarse hacia lo dramático pero se detiene bastante antes de las lágrimas. Queda claro que esta tonalidad tan peculiar está buscada de ex profeso y es coherente con lo que se está narrando. Se trata de una película sobre la falta, sobre algo que falta, y la película se pone a tono, le falta algo para la comedia, le falta para el drama, como le falta algo a esos personajes que no pueden encontrarse.

domingo, 29 de mayo de 2011

Cine - Football is god

Otra de las curiosidades que aportó la última edición del BAFICI es el pseudo-documental “Football is god” del director danés Ole Bendtzen. La pasión rioplatense por el futbol retratada por la gélida mirada de un cineasta nórdico, pareció atractivo suficiente para agendarla entre las 400 películas del festival. Lo mismo hizo mucha gente, ya que las funciones fueron todas a sala llena, con clima futbolero y el público-hincha de Boca cantando en medio de la sala.



La película alterna el seguimiento de tres hinchas de Boca: Pablo, “la tía” y Hernán.



Pablo, un muchacho de bajos recursos y pocas ideas, fanático de Maradona, al punto de juntarse con amigos para festejar el cumpleaños “del Diego” y sumarse como fiel a la iglesia maradoniana (disculpen, pero no me sale ponerlo en mayúsculas).



“La tía”, una señora que no solo no se pierde un partido de Boca sino que tampoco falta a los entrenamientos. Trata a los jugadores como si fueran de su familia y hasta les hace regalos para sus cumpleaños. Cuando les cuenta a sus amigas que le ha comprado un calzoncillo importado, boxer, para el cumpleaños de Palermo produce uno de los momentos más hilarantes del film.

Hernán, un fanático de clase media, capaz de emocionarse hasta las lágrimas con el recuerdo de un añejo gol de Mastrángelo. Hernán es el más reflexivo de los tres y ocupa algunas sesiones de su análisis en indagar cuestiones relativas a su adicción a Boca Juniors. Su analista, en otro punto alto del film, lo ayuda a producir algunas reflexiones sugestivas que vinculan su fanatismo con la sexualidad, con la identidad y con el misticismo; y le hace replantear el tema de la rivalidad con River (el otro, el enemigo, sin el cuál uno no sería lo que es por lo que, en cierto punto, no es ni tan enemigo ni tan otro).


En los tres hinchas escogidos, pese a sus diferencias socioculturales, se escurre un elemento religioso-místico que justifica el título de la película (tengo entendido que el título original es “los creyentes”, lo cuál no modifica en absoluto la cuestión). Lo de Pablo con la iglesia maradoniana, la tía pidiéndole a la virgen por la victoria del equipo y Hernán caminando el césped de una bombonera vacía refiriéndose al hecho como una experiencia mística. Y así lo muestra Bendtzen, elevando la cámara desde ese inmenso templo pagano hasta el cielo del barrio de la Boca.

viernes, 6 de mayo de 2011

Cine - Copie conforme

Abbas Kiarostami, con toda seguridad el director de cine iraní más prestigioso, ha filmado por primera vez en Europa; nada menos que con Juliete Binoche como actriz protagónica, muy bien acompañada por William Shimell. Creador de auténticas joyitas como “Detrás de los olivos”, “El sabor de las cerezas”, “El viento nos llevará” y “Shirin”, Kiarostami nos presenta ahora “Copie Conforme”, obra que pudimos apreciar gracias al BAFICI 2011.


La película comienza con un plano de un escritorio en el que vemos dos micrófonos y un pequeño atril con un libro, cuyo título es el del propio film. Estamos en algún lugar de Toscana y asistimos a la presentación de un libro en el que un historiador del arte (interpretado por William Shimell) propone rescatar el valor de las copias. Escuchamos los argumentos del conferencista mientras se nos van presentando los personajes.



Binoche interpreta a una galerista francesa, radicada en italiana que se ofrece a acompañar al conferencista inglés por una recorrida que incluirá museos y paseos turísticos. Sabemos que ella tiene que criar sola a un hijo y que él aparenta viajar por el mundo sin otras preocupaciones que teorizar sobre el arte.


Creemos asistir al comienzo de un romance, vemos en detalle la seducción inicial, el galanterio, aunque luego comenzarán los roces. Estos pasajes, que podrían resumir las etapas por las que pasa el amor de pareja, son delineados con sutileza hasta llegar a un bar en el que ambos deciden tomarse un café. Allí, la mesera, luego de intercalar algunas observaciones muy atinadas, parece confundirlos con un matrimonio.


A partir de esa escena, los espectadores entramos en la confusión que propone la mesera italiana. De pronto nos cuestionamos lo que creíamos seguro: ya no sabemos si ella está intentando seducir al escritor o si se trata, en verdad, de un matrimonio desavenido. El registro ambiguo se mantiene con maestría a lo largo de la obra, logrando un efecto que, personalmente, nunca había visto, ni en cine, ni en teatro ni en la literatura. Hay, además todo un juego entre el concepto de original y copia que circula desde el arte hasta las relaciones de pareja. No es azaroso que la historia transcurra en Italia, cuna del arte occidental, ni que el hombre sea inglés (más frío, calculador) y la mujer francesa (emotiva y sensible), como tampoco que alguien aporte, en cierto momento, un antiguo relato persa, que representa la cultura nativa del director.


Desde medio oriente viene un artista a devolvernos algo de lo que occidente ha olvidado. Hace rato que el cine de Hollywood perdió su creatividad inicial e, incluso, por las “remakes” que se ven últimamente, ha perdido también la destreza de copiar.


Kiarostami brinda aquí una lección de cine, de cómo hacer una película rica en sutilezas, con texto y subtextos varios, de cómo filmar una escena en un auto, de cómo lograr personajes secundarios que surjan como verdaderos nutrientes en el momento indicado, de cómo trabajar cada plano y cada línea de diálogo al extremo sin impedir que la película fluya con naturalidad. Copia conforme es, sin dudas, una película original. Bienvenida sea.




jueves, 20 de enero de 2011

Cine - Los Santos Sucios

Luis Ortega es un artista que se nutre de fuentes muy diferentes a las de su padre (Palito Ortega, el de "La felicidad, ja, ja, ja, ja"). Lejos del facilismo de la fórmula probada, es un artista que toma sus riesgos. En este, su tercer largometraje (Caja Negra, 2002; Monobloc, 2006) no parece haber felicidad; muy por el contrario, nos presenta un mundo destruido, en el que unos personajes, bastante destruidos también, aspiran a una salida a través del cruce de un río llamado, no casualmente, río Fijman.

Jacobo Fijman fue un notable poeta argentino, injustamente más conocido por haber terminado internado en el Borda que por la fuerza de su obra. En algún momento se declaró a si mismo un santo, “pero mejor no decirlo porque no lo entenderían. Para los médicos eso es enfermedad. Y ellos no saben lo que es un santo. Solo tratan a los demás como enfermos. Se guían por los síntomas. Y otras obligaciones no tienen. En esta sociedad está prohibido ser santo”.

Los personajes que destila el film, los santos sucios, podrían ser vistos como locos que escapan del mundo, que buscan la salida definitiva en el cruce del río. Ortega elude los géneros de la ciencia ficción o el cine de aventuras y se adentra en un clima que podría aspirar a lo onírico o metafísico.

La película esta construida a partir de las locaciones. Se nota que han recorrido la provincia de Entre Rios, buscando el lugar adecuado para cada escena. La imagen está muy trabajada, cada plano revela un esmero que se nota, pero a la película le falta sustancia como para levantar vuelo. Los personajes son extraños pero no interesan demasiado, por lo que el film termina dependiendo en exceso de la puesta en escena. La imagen final es muy bella aunque toda la parte anterior al cruce del río, que ocupa casi todo el metraje, no logra despertar la emoción estética que transmitía una película como Stalker, del gran Andrei Tarkovski; film que probablemente Ortega haya tomado como referencia. La película no alcanza la espiritualidad de Tarkovski ni la pasión poética de Fijman. Los protagonistas cruzan el río, pero la película se queda a mitad de camino, y desde lejos, los observa desaparecer entre el cielo y el desierto.


De todos modos, y más allá del resultado un tanto artificioso, tenemos aquí cine de autor, de alguien que le apunta al arte, aún cuando, para mi gusto, no le pegue del todo al blanco. Habrá más flechas, seguramente.

sábado, 30 de octubre de 2010

Cine - El hombre de al lado

Mariano Cohn y Gastón Duprat me habían sorprendido el año pasado con “El artista”, película que he comentado en este mismo blog. Entonces, la avidez por descubrir autores, en un cine cada vez más despersonalizado, me llevó al estreno de “El hombre de al lado”.
La anécdota de la película podría resumirse de la siguiente forma: un diseñador exitoso que vive con su mujer e hija en la única casa que Le Corbusier construyó en América latina ve perturbada su existencia el día que un vecino (Victor, interpretado por Daniel Aráoz) decide abrir una ventana en la medianera que comparten.
Lo que empieza como un conflicto vecinal va derivando, a partir de la mirada corrosiva de los directores, hacia otros territorios mucho más interesantes.
La puesta en escena del film nos deja siempre del lado de la familia “bien”. Nos despertamos junto con Leonardo (Rafael Spregelburd) debido a los ruidos del vecino que está en infracción buscando un rayito de sol; mientras la legitimidad parece estar del lado de la familia que prefiere mantener su intimidad en la oscuridad. A Victor lo vamos viendo de a retazos, desde sus irrupciones, todas muy graciosas a partir de una actuación sin fisuras de Aráoz. También lo espiamos, detrás de Leonardo (quién temía ser espiado es quién lo hace), vemos resquicios, sombras, fragmentos de algo que se supone. Este no ver permite desatar los prejuicios que si la película muestra con algún estereotipo es porque los prejuicios son así.

Donde sí nos metemos de lleno es en la vida de esa familia que, vista de afuera y a la ligera, podría parecer feliz o exitosa, pero al abrirsenos la ventana que nos permite adentrarnos en su día a día, lo que vemos es incomunicación, impostura, hipocresía, egoísmo y un vacío existencial que no se asume.
La película trabaja cada detalle, nada es aleatorio; desde la primera imagen hasta la última, desde una inscripción en la remera de la sirvienta hasta las únicas palabras que pronuncia la hija adolescente, todo se rige por una puesta coherente con lo que se quiere mostrar.
Hay en la irrupción de Victor una amenaza, el temor a algo siniestro. A medida que lo vamos conociendo, los espectadores vemos que no tiene maldad y que, en verdad, lo siniestro yace de este lado de la ventana.
Ese otro que vive detrás de la pared es un mersa, un tipo inferior que no puede tomarse en serio. El desdén surge de la impostura de una clase cuya ética no tolera la mirada que llega desde la ventana. Ventana que es preciso cerrar para poder continuar el simulacro.

lunes, 11 de octubre de 2010

Cine - Yuki y Nina

La dualidad ya viene incluida en el título al igual que la unión, el nexo, el puente. Yuki y Nina, oriente y occidente, hemisferios derecho e izquierdo, lo rural y lo urbano, la niñez y el mundo adulto. Dualidad y unión que viene también desde la dirección, ya que esta película tiene dos directores: Nobuhiro Suwa, director japonés con varios films en su haber e Hippolyte Girardot, actor francés que hace aquí su debut en la dirección.

La primera parte es una película francesa de las buenas. Yuki es una niña que podría tener unos nueve años, hija de un francés y una japonesa que se están por separar. La madre se la llevará a Japón, lo cual le deparará un cambio de vida con la implicancia de tener que separarse de Nina, su íntima amiga y compañera de colegio.


Para ambas, la separación significa el derrumbe de la amistad, y para Yuki, el de su familia y toda su vida parisina. Entre ambas apelarán primero a la imaginación para persuadir a los padres de desistir de la separación. Una fuga hacia un bosque trasladará la película no solo a otro ámbito (la naturaleza) sino a otro registro. La película se transformará en una película japonesa: menos palabras, más imagen y misterio. Pasaremos al hemisferio derecho, otro espacio, otra temporalidad.


El pasaje de un registro al otro se produce en el bosque y es de una sutileza que da ganas de aplaudir, ya que lo fantástico, irrumpe con una naturalidad tal que el espectador tarde un rato en darse cuenta.

La película vale ser vista aún sabiendo el final, ya que no procura escondernos un secreto sino mostrarnos la vida. Por lo tanto, me permito contar que el último tramo de la obra nos mostrará a unaYuki contenta, con una nueva amiga japonesa contactándose vía Internet con su padre y con Nina, con un amiguito nuevo también ella . En definitiva, la separación fue dolorosa pero no resultó ser el fin del mundo.

Cada tanto se presentan situaciones que nos aterran al presagiar la ruptura de lo vivido hasta el momento. Se trata de circunstancias que suelen paralizar a algunos y llevar a la tragedia a otros; pero también se pueden atravesar como un mar turbulento que nos terminará arrojando sobre nuevas tierras. La película muestra que de los cambios dolorosos pueden surgir nuevas formas de felicidad; como la que produce ver una obra como “Yuki y Nina”, entreverada en la cartelera porteña.


La película abre con una breve escena en un parque de París, en el cual Yuki escucha una historia sobre un lobo y un ruiseñor, de boca de un pintor ambulante; y cierra con una canción japonesa durante los títulos. Ambos elementos, a modo de prólogo y epílogo, no hacen más que redondear la riqueza de esta historia.


El lobo pudo comerse al ruiseñor pero prefirió escucharlo cantar.

domingo, 15 de agosto de 2010

Cine - Partir - Una mujer que se sale del marco

Partir podría haber sido una película más sobre adulterio, pero tiene algunas cosas que la hacen diferente. Ya desde la primer escena (la película comienza casi por el final) se plantea la dimensión trágica. En este sentido, más allá de alguna trampita, la directora Catherine Corsini tiene la honestidad de avisar desde el vamos que no habrá final feliz.

La historia nos presenta a Suzanne (Kristin Scott Thomas) en un punto de inflexión: luego de haberse dedicado a su marido y sus hijos se propone retomar su profesión de kinesióloga. Su marido (Yvan Attal ) le construye un consultorio dentro de la casa y le refriega la plata que ha tenido que invertir en ello.


En el transcurso de la obra, Suzanne se enamora de un albañil español (Sergi Lopez). En una de las primeras escenas entre ambos, Suzanne, embobada por el obrero, olvidará poner el freno de mano del auto al estacionar en una pendiente. Más adelante, abandonará los frenos en sí misma, ante ese impulso que terminará por desbordarla.


La película transcurre en los bordes, la historia, no por nada, transcurre cerca de la frontera de Francia con España. La edad de los personajes, que transitan la crisis de los cuarenta, también es limítrofe.


Uno de los conceptos que le debemos a Freud es el de pulsión, precisamente un concepto fronterizo entre lo biológico y lo cultural. No es posible la sociedad sin la sofocación de las pulsiones. La cultura busca domeñar la pulsión pero nunca lo logra del todo. Siempre queda un resto. Por lo general se mezclan y conviven en nuestro interior Eros y Thanatos, los impulsos de vida que tienen que ver con lo sexual en su sentido más amplio y la pulsión de muerte cuyos subrogados principales son la agresividad y el odio. Todo eso mezclado y refrenado por la cultura convive en nosotros. Cada tanto, algún límite se rompe y se produce la desmezcla pulsional, en la que la pulsión de muerte puede aparecer pura. Basta leer los diarios para recabar muestras de este tipo de acontecimientos. Algo de esto también podemos ver en “Partir”, en la mirada gélida de Kristin Scott Thomas, que, pura pulsión, lleva a su personaje más allá de los límites.


Hay una escena, breve pero impactante, en la que los protagonistas tienen sexo en el medio de un pastizal. La cámara deja fuera todo vestigio de cultura: parecen Adan y Eva en el paraíso. Claro que el paraíso será efímero y las sirenas de la policía invadirán el espacio auditivo.


La película puede llegar a incomodar a aquellos espectadores proclives al juicio moral como también a aquellos acostumbrados a identificarse con el bando “de los buenos”. Al principio es factible identificarse con la mujer que pareciera decidirse a lanzarse a la vida, después de haber estado muchos años casada con un hombre que la menosprecia e inmersa en una cotidianeidad chata. Sin embargo, esta simpatía comienza a deshacerse a medida que asistimos a las decisiones que el Suzanne va tomando.


Partir es una película francesa hecha por mujeres. Francia es justamente uno de los países más asociables con “la cultura”. La ya mencionada directora Catherine Corsini, la productora Fabienne Vonier y la directora de fotografía Agnès Godard son las mujeres que se atreven a poner el dedo en la llaga de la cultura.

domingo, 25 de julio de 2010

Cine - Las Hierbas Salvajes

Alain Resnais filmó su primer cortometraje a los catorce años. Ta vez como corolario de una extensa carrera en la que ha dejado películas como “Hiroshima mon amour”, “Hace un año en Marienbad” y “Providence” entre otras, a los ochenta y siete años nos regala “Las Hierbas Salvajes”, una película tan desfachatada que, un desprevenido podría suponer dirigida por un cineasta joven.
Buñuel decía que iba al cine a sorprenderse, a ver algo que nunca hubiera visto. Los tiempos, y el público de cine, han cambiado. Hoy, la gente pareciera ir al cine a ver una y otra vez lo que ya ha visto, como si se tratase de un ritual de reafirmación.
Podríamos exagerar un poco y decir que solamente hay cuatro películas (todas se pueden ver con el mismo pochoclo):
1. Comedias románticas en las que él y ella se conocen, se enamoran y deben superar más o menos las mismas peripecias para terminar en el beso que precede los títulos finales.

2. Películas de terror en las que un grupo de adolescentes se mete donde no debe y son exterminados uno por uno por un psicópata o algún monstruo asesino hasta llegar al combate final en el que se salvan tanto el muchachito o la muchachita como el monstruo asesino, cosa de poder continuar la zaga en caso de conveniencia económica.

3. Dramas lacrimógenos en los que nunca falta un perro o un niño.

4. Películas de acción (pueden transcurrir en el pasado, en el presente o en el futuro) en las que los buenos muy buenos luchan contra los malos muy malos, a los que derrotarán en el combate final luego de muchas persecuciones (que pueden ser a caballo, en auto o en naves espaciales según la época en que transcurra la película).

“Las hierbas salvajes” no encaja en nada de esto. Si al comienzo de la obra podría parecernos que lo que se viene es una historia más de matrimonio aburrido en la que uno de los cónyuges conoce a una persona más joven que le despierta la pasión dormida, Resnais se encarga de subvertir esta impresión. Aquí, tenemos a George Palet, hombre canoso, retirado, padre de familia, que conocerá a Marguerite Muir, una mujer más grande y, supuestamente, menos atractiva que su joven esposa.
La película será en todo momento impredecible. Resnais escapa a toda convención narrativa y construye el recorrido de sus personajes con total libertad. Hasta el propio narrador en off que, duda, vacila y se contradice, se evade de lo convencional.

La película comenzará con los pies sobre la tierra (la cámara siguiendo los pies de la protagonista yendo a comprarse unos zapatos) y terminará en el aire. El trayecto, enmarcado en el contrapunto entre las hierbas salvajes que se empecinan en crecer en cualquier parte y los pastos cortados al ras y los árboles podados como cuadrados bien típicos de los jardines franceses, tendrá sus idas y venidas nunca previsibles, nunca aburridas, para lo cual colaboran los personajes secundarios como el policía o la amiga odontóloga.
A quien esté demasiado apegado a los esquemas narrativos, la película lo descolocará, al escaparse siempre de lo esperable. Los personajes no están encorsetados, ignoramos lo que piensan y lo que harán. Según declaraciones del propio Resnais: “Nada debería llevar a Georges Palet y Marguerite Muir a querer encontrarse, a mantener una relación amorosa. Y sin embargo lo hacen. No responden a la lógica, a un ‘deber ser’. Son como hierbas salvajes.”
La película es como la invitación a un juego, que tiene mucho que ver con la redención del cine como arte, un juego imprevisible como el deseo humano, al cual la película pareciera homenajear.

lunes, 31 de mayo de 2010

Cine - Seraphine

La película aborda la vida de la pintora naif Seraphine Louis, conocida también como Seraphine de Senlis, por el pueblo donde vivió. La obra nos presenta a una mujer de condición humilde que limpia casas, platos y ropa por unas pocas monedas. Más tarde, la veremos recolectar barro, cera de las velas de una iglesia y sangre de un animal muerto, todos elementos naturales con los que fabricará la pintura que utilizará por las noches para pintar en un estado de trance. Sirvienta de día, pintora de noche.
En el año 1912 Wilhem Uhde, un reconocido crítico de arte parisino, se traslada a Senlis para escribir un trabajo sobre la obra de Picasso. Seraphine es enviada a limpiarle la casa cada tanto. Uhde terminará encontrando en una visita de compromiso a la casa de una de las patronas de Seraphine un cuadro que le llama la atención. Preguntará por el autor de dicha pintura y se sorprenderá cuando le informan que se trata de la sirvienta. Se interesará por su obra y acabará por convertirse en su mecenas. Aquí, en lo que podría interpretarse como un final feliz, comienza en verdad el meollo de esta historia.
Seraphine deja de fabricar sus propias pinturas para encargarlas en el negocio del pueblo. Gradualmente va perdiendo contacto el con la naturaleza. Pasa de las moneditas a los billetes. Empieza a tener dinero de más y no sabe qué hacer con eso. Queda expuesta a las leyes del mercado, a la ansiedad por ser aprobada, al desasosiego que le produce los obstáculos que encuentra para poder exponer, en una sociedad que todavía no tiene lugar para la mujer artista. Pierde el equilibrio que había construido y enloquece. Intenta reponer la armonía perdida creando un delirio. Es internada en un hospicio y olvidada al punto de que, posiblemente debido a la ocupación alemana de Francia, no hay registros fidedignos sobre el año de su muerte. La película, casi por pudor, apenas muestra esos últimos años, en los albores de un mundo que se obstinará en encerrar a los locos sensibles y otorgar poder a los peligrosos.


La película fue dirigida por Martin Provost y protagonizada por Yolande Moreau. Ambos relataron una anécdota que me pareció muy interesante mencionar. No habiendo retratos ni fotografías de la verdadera Seraphine, Provost eligió a Moreau exclusivamente por sus cualidades actorales. Durante la filmación alguien les acerca una copia del, hasta hoy, único retrato encontrado de la pintora. Cuando Provost lo vio, se asombró por el parecido que tenía con Moreau. La semejanza es tal que el retrato, aportado por un coleccionista, parece sacado de la propia película. “Soy yo” dijo Yolande Moreau. Seraphine pintaba con sangre y Yolande puso la suya para recrear un personaje difícil de olvidar.





Retrato de Seraphine Louis

Obra de Seraphine Louis

jueves, 29 de abril de 2010

Cine – Woman on fire looks for water – BAFICI

Una buena del BAFICI. Atraído por el título (Mujer en llamas busca agua) y la curiosidad por el cine malayo me topé con una bella muestra de cine a cargo del director Woo Ming Jin.
En una aldea de pescadores, un joven está a punto de repetir la historia del padre. La película aborda ese punto de encrucijada, de confluencia de tiempos.
El joven duda entre su novia y la hija del dueño de una empresa. El padre, en las cercanías de la muerte, intenta redimir una mala elección del pasado y sale en busca de aquella mujer a la que renunció. No queda claro si el hijo conoce la historia de su padre. La obra diluye el dato porque no importa. Hay saberes que transportamos bajo el más puro desconocimiento. Saberes no sabidos. Mandatos. Saberes que insisten en abrirse paso. Saberes que desembocan en compulsión. Woo Ming Jin le otorga a la película un ritmo pausado, necesario como para que devenga la reflexión.
Repetir la historia del otro o encontrar el propio camino. Decisión difícil, sin mapa. Lo que conflictúa a un joven malayo pesa sobre los adolescentes del mundo. Abuelo abogado, padre abogado, hijo abogado. Elecciones sospechadas de falta de individualidad. También tenemos los casos en que el hijo toma caminos opuestos. Padre militar, hijo roquero. Hijo que expone todo lo que el padre reprime, suele decirse. “No querer ser como los padres” no deja de ser una elección en función de ellos. Ser lo opuesto a. Otra vez, la individualidad bajo sospecha.
Woo Ming Jin compone cada plano. Genera belleza lejos del lugar común. Un plano detalle de los cabellos, la mirada de un ojo envuelto en luz. Pinta el río con las aguas sucias, arrastrando la contaminación de generaciones. Los diálogos suenan naturales y no tienen desperdicio. Los personajes -me lo hicieron notar- no se tocan en toda la película. Ignoro si se trata de una costumbre malaya o si es expresamente un acierto de la marcación de actores que apoya esa noción de distancia entre los seres que resuena a lo largo de la obra. Seres que desean encontrarse.
Mujeres en llamas en busca de agua. Hombres en el agua buscando fuego. Una brecha. Una película.