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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Peter Gabriel en Buenos Aires - Cobertura de los medios

La cobertura, por parte de la prensa, del show que Peter Gabriel dio en Buenos Aires (ver post inmediato anterior) merece una mención aparte. Todos los diarios hicieron su reseña, coincidiendo en destacar la calidad del show, aunque salpicando las crónicas de errores llamativos para quienes, se supone, deben informar correctamente, máxime, no habiendo intereses políticos en juego.



Diario Popular habló de un “soberbio show” en el que Gabriel tocó con “la Blue Orchestra” en lugar de la New Blood Orchestra (la sangre pasó a ser azul; muchachos ¡era solo cuestión de leer los afiches!) y más entrados en el texto, se menciona el disco “Scratch my bag” (Ráscame la bolsa, creo que sería ¿no?) en vez de “Scratch my back”.



Particular confusión generaron las dos coristas del concierto. La revista Rolling Stone, especializada en música, titula ingeniosamente su nota “Peter Gabriel: concierto para trenes y orquesta” pero comete el grosero error de mencionar la presencia de una cantante que nunca pisó la Argentina. Para Rolling Stone, las coristas fueron Jesca Hoop y ¡Ane Brun!. Ane Brun es una cantante noruega que canta con Gabriel en el disco “New Blood” y también en el concierto que se pasó hace poco en los cines en versión 3D, pero no participó de la gira latinoamericana. Las coristas fueron nombradas por el propio Gabriel varias veces a lo largo del concierto. Bastaba escuchar con un poco de atención.



Si una revista especializada en la materia hizo aparecer por Buenos Aires a una cantante que nunca anduvo por nuestra tierra, qué podemos esperar del cronista de Clarín que también vió a Ane Brun en el escenario o el de Página 12 que, además de la susodicha Brun, agregó también a Sevara Nazarkhan, cantante que ha sabido vocalizar con Gabriel en algunos shows en Europa, pero que a la hora del concierto en GEBA se encontraba a miles de kilómetros de Buenos Aires.



“El diario de la República” menciona la emocionante interpretación de Solbury Hill en la que se incluyeron varios compases de “La Marsellesa”. ¡Nooooooo! Fue la novena sinfonía de Beethoven, no “La Marsellesa”, la parte que cualquier estudiante de primaria puede reconocer como el “Himno a la alegría”. ¡Un poco de cultura general!



Al tema “The Nest that Sailed the Sky” se lo cita como formando parte del álbum “Up” cuando en verdad es de “Ovo”. Errores de este tipo, varios. Y ni que hablar de la cantidad de público asistente que para algún medio fueron dieciocho mil, para otros treinta mil.



Los medios televisivos no se quedaron atrás. TN transmitió en vivo las dos primeras canciones del show. Como Gabriel entonó un par de veces la frase “hold on”, el famoso periodista que anunciaba el show dedujo que así se llamaría la canción por lo que no dudó en bautizar el tema como “Hold on”, con sobreimpreso incluido, cuando la canción se llama “Wallflower”. Al día siguiente, cuando repitieron la noticia corrigieron.



Si la simple cobertura de un concierto acumula tantos desaciertos, no parece descabellado sospechar que tal cantidad de errores inunde todas las demás noticias que, a diario leemos tal vez sin cuestionar cómo nos estamos informando. ¡Ni qué hablar de aquellas noticias que movilizan otro tipo de intereses!





Pueden leerlo por ustedes mismos:





http://diariopopular.com.ar/dp001.php?nId=622118&src=NP





http://www.rollingstone.com.ar/1425200-peter-gabriel-concierto-para-trenes-y-orquesta





http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-23572-2011-11-20.html





http://www.clarin.com/espectaculos/musica/musico-amigo-trenes_0_593940890.html





http://www.eldiariodelarepublica.com/espectaculos/En-version-orquestal-Peter-Gabriel-emociono-a-18-mil-espectadores-en-Buenos-Aires--20111120-0009.html





domingo, 27 de noviembre de 2011

Música (¡y qué música!) – Peter Gabriel & The New Blood Orchestra en Buenos Aires

Al poco de llegar al estadio GEBA, me sorprendió la proximidad de las vías del ferrocarril. El ruido de los trenes, pasando a pocos metros del escenario, me resultaba inadmisible en el contexto de un concierto sinfónico. Se me ocurrió poco probable que a Gabriel le hubieran mencionado ese detalle a la hora de negociar el lugar en el que tocaría; y me pregunté cuál habría sido su reacción al toparse con un estadio pegado a las vías del tren.

Peter Gabriel apareció en el escenario como un técnico más, caminando en forma natural con unos papeles en la mano, cuando aún las luces del stage no se habían encendido. Saludó al público como ya lo había hecho en Velez dos años atrás, esforzándose por comunicarse en español. Lejos de las postura “histérica” de algunas pseudoestrellas, aludió enseguida al tema de los trenes: “Mi estudio en Inglaterra, está cerca del ferrocarril de Bristol, así que estoy acostumbrado y, de algún modo, esto me hace sentir un poco como en casa”, dicho que despertó risas y aclamaciones del público presente (treinta mil almas según estimaciones de TELAM). A continuación, con la generosidad que lo ha caracterizado siempre para darle lugar a artistas de las nuevas generaciones, presentó a “dos maravillosas cantantes y compositores”, quienes cantarían una canción cada una. Mientras Rosie Doonan y Jesca Hoop lucían sus voces, los trenes comenzaron a hacer de las suyas, coincidiendo uno de ellos con el suave epílogo de una de las canciones.






Rosie Doonan y Jesca Hoop serían, luego, las coristas de un show que comenzaría con “Hero”, tema de David Bowie y Brian Eno, versionado por Gabriel en el disco “Scratch my back”, con un increscendo extraordinario tanto de la voz de Gabriel como de la orquesta. La New Blood Orchestra, dirigida por Ben Foster sonó excelsa en la ejecución de los sutiles arreglos, obra de John Metcalfe.


Gabriel leyó en español que la canción “Wallflower” fue inspirada en la lucha por los derechos humanos en la Argentina y lo que sucedió en la ESMA, una canción sobre la tortura, dedicada a los desaparecidos durante la dictadura militar. Gabriel se emocionó y emocionó en una interpretación que erizó la piel. Piano, cuerdas, velas, la voz de Gabriel, las voces femeninas. Treinta mil desaparecidos y treinta mil presentes conmovidos.
La tercera pieza del show correspondió a “Aprés moi” de Regina Spektor, tema también incluido en “Scratch my back” donde Gabriel interpreta canciones de los músicos que admira. Aquí, la New Blood hizo carne la frase “a toda orquesta” en un arranque espectacular. Ese comienzo arrasador, sonó como un torrente de agua que se lleva todo por delante para que luego Gabriel cantase la letra escrita por la joven Regina: “Después de mí, que se las arreglen. Después de mí, llega la inundación”.
Luego tendría lugar la logradísima versión de “Intruder”. La canción logró transmitir un clima de inquietud y suspenso, con un arreglo orquestal y una puesta en escena imbuida por resabios a Hitchkock y su compositor Bernard Hermann. “La sensación de aislamiento inspira” cantó Gabriel. A esta altura es evidente que la cuestión de la orquesta no es un mero gesto de grandilocuencia; ya que no se trataba de un mero colchón de violines para las mismas canciones de siempre. Los arreglos de Gabriel y John Metcalfe han transformado las canciones.
En este blog nos inspiran las relaciones entre el arte y el psicoanálisis, y en este sentido traigo a colación una metáfora con la que me gusta distinguir los cambios que uno puede realizar en el marco del trabajo analítico: el cambio no consiste en decorar con alas al gusano, sino en que el gusano se transforme en mariposa. Las canciones que presentó Gabriel en el show lucieron nuevas, temas de años transformados en otra cosa, adquiriendo una nueva vida, una nueva sangre, como mariposas que revolotearon por la noche de Buenos Aires.



Si con Wallflower la entrada ya estaba paga ¿qué decir de San Jacinto? Ya en Velez, en año 2009, Gabriel había presentado una versión que parecía insuperable; sin embargo la versión que interpretó en GEBA llegó aún más lejos. Hubo un momento cómico al comienzo, en el que Gabriel presentó el origen de la esta hermosa canción que homenajea a los pueblos originarios de América. En un momento Gabriel se perdió en la lectura de esa historia en la que un adolescente siux es llevado por el chamán a la cima de una montaña. Rebuscó infructuosamente y luego de sumirse en los papeles por varios segundos, emergió con algo de español por fuera de lo que tenía apuntado, para decir que había perdido “una línea importante, pero recuerden la serpiente”. Luego, otra vez la piel erizada ante esa música que penetró por los poros para transportarnos a otros tiempos. Belleza plena, letra, música, las imágenes en la pantalla. Insuperable… hasta que al maestro se le ocurra engrandecerla aún más.
Una de las particularidades de la gira reside en la composición misma de la orquesta. Por una mezcla de cuestiones económicas y artísticas, la mitad de los músicos son ingleses y la otra mitad se completa con músicos locales. Esto hace que la orquesta suene con diferentes matices en Chile, en Brasil, en Argentina o en México. En Buenos Aires sonó espectacular, pese al espacio abierto, pese a los trenes. Hace tiempo fue acuñado eso de que la música calma a las fieras; en este caso, Peter Gabriel y la New Blood Orchestra lograron calmar a los trenes. Al comienzo del show no faltó algún maquinista estúpido, haciendo sonar las bocinas a propósito, mucho más de lo necesario. Por alguna coincidencia o proceso misterioso, los maquinistas se fueron sosegando. Uno incluso, aminoró la marcha casi hasta detenerse, ofreciendo a sus pasajeros la breve contemplación de un show de lujo. La compenetración de músicos y audiencia fue tal que los trenes dejaron de molestar.
Tras un íntimo San Jacinto, la orquesta levantó al público de sus asientos con una excelente versión de “Secret World”. Gabriel se entusiasmó en el baile e hizo un giro de más que le impidió llegar a tiempo al micrófono para cantar una frase, hecho que pasó mayormente inadvertido gracias a las voces de Donan y Hoop que cantaron el verso en cuestión.
Más tarde, Gabriel dedicaría una emotiva versión de “Father and son” a su padre “que va a cumplir cien años en abril”, dijo con llamativa seguridad. Peter suele cantar esta canción al piano, pero esta vez lo hizo de pie, ante un arreglo de cuerdas que le aportó al tema otro matiz sin hacerle perder la intimidad.
Signal to noise” estremeció de nuevo al público, con una orquestación en perfecta comunión con la puesta en escena, y un Ben Foster más poseído que nunca. Para cuando Gabriel cantó “Wipe out the noise” (eliminar el ruido), el de los trenes ya había desaparecido.
Downside up” permitió el lucimiento de Jesca Hoop, en una canción que fue cambiando de tono en la medida en que predominaban las cuerdas, los bronces o el fagot al final. Hermosa y breve. En un concierto de tal nivel resulta difícil marcar los puntos altos, dado que cada canción puesta en el escenario era de excelente para arriba. Entonces, me atrevo a decir que un poco más allá del excelente estuvo la versión de “Digging in the dirt”, canción psicoanalítica si las hay (“estoy excavando en la suciedad, quédate conmigo, necesito apoyo, estoy”) que se inició en las pantallas con un metrónomo primero marcando el compás y luego una reproducción de esos juegos electrónicos de la década del setenta en los que uno jugaba una especie de tenis contra la máquina, manejando un ladrillito que le pegaba a una pelota. De ese tipo de juegos recuerdo una situación que de chico llamaba mi atención: había momentos en los dejaba mi ladrillo quieto en cierta posición y se generaba una interacción repetitiva en la que la pelota quedaba rebotando en el ladrillo de la máquina y en el mío durante horas. Bastaba que yo moviera mi ladrillo un milímetro para generar otro ángulo de trayectoria y forzar a la máquina a mover el suyo, con lo cual el juego adquiría vitalidad de nuevo. Las relaciones interpersonales a veces quedan atrapadas en esos patrones de interacción repetitivos y, en vez de protestar por los cambios que el otro no realiza, este juego y la canción de Gabriel nos enseñan que es suficiente un cambio mínimo de nuestra parte para promover una transformación en la relación.
A esta altura, el show ya era una maravilla y todavía faltaban “Mercy Street” dedicada a la poetisa Anne Sexton, con un toque delicioso de flauta traversa; “The rythim of the heat”, inspirada en una experiencia de Carl Jung en Africa, con la orquesta alcanzando otro de los puntos cumbres de la noche que la gente aplaudió de pie; “Red rain” y una lluvia roja de luces sobre el escenario; “Solsbury Hill” con la audiencia coreando la letra y un empalme grandioso con la novena sinfonía de Beethoven.

Biko”, tema con el que Gabriel ayudó a difundir en el mundo, en una época en que las comunicaciones no eran las de ahora, la situación del apartheid en Sudáfrica; fue la canción elegida para el primer final del concierto.
PG es de esos artistas que quieren cambiar el mundo, pero lo suyo no es mera declamación. No se aísla en una burbuja de rockstar, se compromete y hasta, para algunos, se entromete. Pensemos en su reciente paso por Chile donde se entrevistó con el presidente Piñeira, para reclamarle el esclarecimiento de los crímenes de Pinochet y por el trato a los estudiantes en la actualidad. “El resto depende de ustedes” dirá Gabriel antes de retirarse del escenario y dejar a Ben Foster dirigiendo al público. El ya ha hecho lo suyo, ha cambiado su música, le ha dado nueva vida, sangre nueva. Pero habría más.


La puesta se pobló de colores primarios para “In your eyes”. El público conocía la canción y se prendió en el canto, elevando las manos en el esperado bis.

Para el cierre, eligió una canción “que habla de no rendirse”, la célebre “D’ont give up” en un contrapunto vocal con Rosie Donan ejecutado con sentimiento y candidez.


Por último, Gabriel ríe cuando anuncia la canción con nos mandará de regreso a nuestras casas y la cama. Contra el manual que dice que la última canción tiene que dejar al público “bien arriba”, la orquesta acomete la serena melodía de “The nest that sailed the sky”, con Gabriel tomando el mando del piano para acoplarse a la orquesta en las últimas notas, acompañadas por el ronroneo de un tren que volvió a escucharse luego de más de dos horas de música.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cine - Música - Peter Gabriel 3D

Peter Gabriel no se cansa. En los setenta, aclamado como líder del mítico grupo Génesis, sintió el deseo de tomar otros rumbos musicales e inició su carrera solista. A esta altura podría vivir de tremendos hits como “Sledgehammer”, “D’ont give up” o “Steam”; sin embargo, vuelve a arriesgar, a explorar nuevas sendas. En esta ocasión, cambia los instrumentos tradicionales del rock por una orquestra de disposición clásica aunque con una dirección moderna a cargo de Ben Foster.




En estos días, hemos podido ver en algunas salas 3D de nuestro país, la película “Peter Gabriel & the New Blood Orchestra 3D”, filmación en HD y 3D de un concierto realizado en marzo de este año en el Teatro Hammersmith Apolo de Londres.


En primera instancia, un concierto de rock sin guitarras ni baterías (“no drums, no guitars” puede leerse en el afiche original) generaba ciertas dudas; pero las mismas se disiparon a los pocos segundos de comenzada la proyección.


Ya desde la innovadora versión de “Intruder” percibimos que no se trata de la pomposa inclusión de una orquesta sino de nuevos arreglos, según palabras del propio Gabriel “las viejas canciones tratadas con una nueva paleta”. Como un intento de legitimar la “calidad” de su música, muchas bandas de rock han incluido orquestas sinfónicas en sus conciertos, pero en la mayoría de los casos, la orquesta ha sonado desdibujada, acompañando de fondo la melodía principal, casi como un relleno. Esto no sucede aquí. Gabriel, trabajó en conjunto con John Metcalfe en los arreglos para la orquesta, logrando que la misma se apropiara de las canciones. Los arreglos son de una sutileza que conmueve. Canciones como “Digging in the dirt”, “San Jacinto” adquieren una vitalidad nueva; y en ese contexto, la voz de Gabriel alcanza su mayor expresividad.

La película no tiene desperdicio, la cámara se pasea entre los instrumentos y la calidad del sonido es tal que podemos escuchar cada instrumento, desde el timbal hasta el triangulo. Es de esas obras que uno no quiere que terminen.


La neurología ha enseñado que la inteligencia reside en las conexiones neuronales y el psicoanálisis, a su vez, que el establecimiento de lazos es inherente a la salud mental.


Peter Gabriel hace lazos. Con otros tiempos, con otros lugares, con otros artistas, con otras generaciones. Enlaza el rock con la música clásica, integra ritmos de diferentes lugares del mundo, promueve intercambio con otros músicos, incluso con los de las nuevas generaciones (en el film interpreta una estupenda versión del tema “Aprés moi” de Regina Spektor), y produce un espectáculo de altísimo que nivel, que el viernes 18 de noviembre podremos ver en vivo, en Buenos Aires.

domingo, 8 de agosto de 2010

Música - Peter Gabriel - Scratch my back

Desde marzo se consigue en las disquerías de Buenos Aires, el último CD de Peter Gabriel, Scratch my back.


Si algo ha caracterizado a la obra de Gabriel es el riesgo. Cuando a fines de los sesenta, todos se dedicaban a hacer canciones de tres minutos intentando meterse en la estela exitosa de los Beatles, Peter Gabriel, formaba Genesis, grupo que exploró la integración del rock con la música clásica, algo que nunca se había intentado hasta el momento, y que luego profundizarían bandas notables como Yes o Pink Floyd. Piezas largas que emulan la estructura de una sinfonía, ejecutadas con la fuerza de los instrumentos rockeros. Obras conceptuales, en las que las distintas canciones revolotean alrededor de un mismo tema. En el caso de Genesis, a esto se le agregaron interpretaciones histriónicas que incluían disfraces alusivos a la historia que se estaba cantando.


Probablemente, en cierto momento, Gabriel haya sentido que había descubierto una fórmula, la había llevado hasta sus límites y ya no quería repetirse. La noticia sorprendió en las primeras planas de todas las publicaciones rockeras: Peter Gabriel abandonaba Genesis.


Y el hombre se dedicó a explorar otro tipo de sonido, más íntimo, menos pretencioso. Probablemente no tuviera muy claro lo que hacía y se haya dejado guiar por su intuición artística.


Incorporó entonces a su música, ritmos africanos, instrumentos provenientes de otras músicas, investigó con computadoras y dedicó mucho energía a ensamblar la música con lo visual (por si hiciese falta, recordamos aquí que los videoclips de Gabriel están dentro de los más creativos de la historia de la música moderna). Tuvo allí, otro momento de éxito masivo con hits como Sledgehammer, D’ont give up o Steam.


Cuando la fórmula estuvo aceitada, quizás haya captado que la cosa había dejado nuevamente de ser arte para semejarse más a una artesanía, a un producto que puede fabricarse siguiendo determinadas pautas. Entonces, Gabriel cambió de nuevo.


Hoy sorprende con un proyecto muy particular: ha decidido reinterpretar canciones de otros, en el marco de un intercambio. El proyecto consta entonces de dos etapas. En “Scratch my Back” Gabriel interpreta canciones de artistas, de diferentes generaciones como Lou Reed, los Talking Heads, Paul Simon o Regina Spektor, Bon Iver y Radiohead. Más adelante, en un segundo disco (I’ll Scratch yours” todavía sin aparición en el mercado) los mencionados músicos interpretarán canciones de Gabriel, generando una especie de diálogo artístico.


Yo interpretó una canción tuya y vos una mía. Vos me rascás la espalda y yo la tuya. Todo un juego sobre los distintos puntos de vista en la creación artística.


En “Scratch my back”, alejándose de su anterior etapa rítmica, Gabriel no utiliza batería ni instrumentos de rock. Solamente una orquesta de música clásica, con lo cual se propone privilegiar los textos y la melodía. En algunos casos, la canción original queda prácticamente irreconocible, en otras aparece reinventada, en muchos casos hace emerger de la obra algo que en el original estaba apenas latente.

Hace poco, en un reportaje, le escuché decir a Gabriel que le había llevado toda su estadía en Genesis y más cinco discos solistas, encontrar su propia voz. De ser así, tuvo que arriesgarse a romper con muchos lugares conseguidos hasta arribar a esa sensación de autenticidad. Ahora, desde ese lugar, con Scratch my back, intenta el diálogo con otros artistas, con otras voces.


Particularmente, y aquí viene la vinculación con lo terapéutico, me gusta pensar mi labor de psicoanalista, como la de un partero de subjetividades, alguien que acompaña el proceso mediante el cual una persona empieza a escuchar su propia voz. Alcanzar esta voz personal conlleva, muchas veces, rupturas arriesgadas, cambios que encontrarán resistencias de todo tipo, internas y desde el entorno. Entre todas las voces contradictorias que nos dicen: andá para acá, andá para allá, te conviene esto o lo otro, no es sencillo encontrarse. Y es interesante pensar que, muchas veces, desde esa confusión armamos nuestros vínculos, nuestras redes sociales.


Lindo ejemplo, nos aporta entonces Peter Gabriel, sobre las relaciones con el otro; las cuales pueden acometerse desde mandatos, identificaciones e impulsos destructivos o desde la voz espontánea de quien intenta asumir su propio deseo.





Incluimos aquí el tema "The power of the heart" en la interpretación de Gabriel primero, y más abajo, la versión original de Lou Reed.
(si no se ven los videos, tienes que actualizar la versión del Flash Player de tu navegador)





martes, 2 de junio de 2009

Premio Nobel de Música


Un amigo me pasa la novedad:
-¿Viste que a Peter Gabriel le acaban de dar el Nobel de Música?
No sabía ni que existía el nobel de música. Oficialmente se llama Polar Music Prize, pero se lo conoce como el Nobel de la música porque lo entrega en mano el Rey de Suecia en la misma Academia en que se otorga el Nobel.
–El año pasado lo ganó Pink Floyd. No estamos tan equivocados con la música que nos gusta.
A cada uno debería gustarle lo que le gusta sin necesitar avales que lo justifiquen, pienso. Pero cuando mi hija me dice, refiriéndose a Peter Gabriel, "ese te gusta a vos solo", aprovecho la oportuna mención y le cuento que le dieron el Nobel; no digo el Polar, digo el Nobel.

Bueno, la cuestión es que es un premio doble: se entrega por música contemporánea y por música clásica. En este rubro, el ganador de este año es José Antonio Abreu, un compositor venezolano que ideó un programa para enseñar música clásica a los niños de su país.
En el caso de Peter Gabriel, se lo destaca por su "obra visionaria que busca romper fronteras" y por "su compromiso con los derechos humanos".
El sitio oficial del premio es http://www.polarmusicprize.org/

viernes, 24 de abril de 2009

Más Peter Gabriel

Para los que se lo perdieron. Ya circulan en YouTube un montón de videos del recital de Peter Gabriel en Velez. No se acerca a la experiencia de estar ahí, pero... algo es algo.



martes, 24 de marzo de 2009

Peter Gabriel en concierto


Escribo con las melodías todavía en mi cabeza.
De a poquito, la cancha de Velez se va colmando. Quedan algunos huecos en las plateas Sur. El campo está lleno, la popular también. En la platea norte hay gente hasta en los pasillos. Gente de todas las edades. Tipos de cincuenta, cuarenta, hasta pibes que no llegan a los veinte.
A The swan black effect, la banda telonera se la trata con respeto e impaciencia. El escenario parece pequeño en semejante marco. La escenografía está muy cuidada.
A las 22:10, con Charly García en las primeras filas, se apagan las luces y empieza a sonar, con el escenario vacío, "Zaar", un tema de “Passion”, la música que Gabriel compuso para la película “La última tentación de Cristo”, de Scorsese. La música nos transporta a otro tiempo, a otra parte.
Al terminar aparece Peter y empieza a cantar “The rythim of the heat”, un tema que hace mucho no tocaba en vivo. Los músicos se van acoplando y el tema termina con Ged Lynch dándole duro a la percusión.
Luego, desempolva “On the Air” e “Intruder”, temas de sus primeros años como solista, ahora presentados con nuevos arreglos. Tres pantallas muestran detalles del concierto y en el escenario, sobre unos paneles colgados en diferentes puntos se proyectan imágenes y texturas relativas al tema que está sonando.
Al finalizar esta primera ráfaga, Gabriel saca una hoja, pide disculpas por destruir nuestro idioma y empieza a leer en español. Agradece nuestra presencia, recuerda su anterior visita y presenta el siguiente tema. Dice: “los cuerpos de los amantes cuando se acercan generan calor suficiente como para hervir agua. Eso es vapor”. Eso es “Steam”.
La banda suena a pleno con una energía que levanta a todo el estadio. Todos se mueven y cantan.
Más tarde, una sorpresa, su hija Melanie, canta “Mother of violence”, otro tema antiguo interpretado con una sutileza que aplaudimos.
La cantidad de ideas y asuntos que se abordan conjugando música y efectos visuales me asombra. La relación hombre-mujer en “Blood of Eden”, la mentalidad belicista que comienza en los patios de las escuelas (“Games without frontiers”), el ser humano y sus miedos (“Darkness”), las compulsiones (“No self control”), el misticismo (“San Jacinto”),
la vida moderna: "Cuánto más protegidos, más atrapados estamos"(“Tower that ate people”).
Miro las tribunas y me complace que haya tanta gente apreciando esto.
También con machete, Peter presenta su banda, dice algo de cada uno. Ged Lynch en batería, Melanie Gabriel en voz, Angie Pollack en teclados, Richard Evans y David Rhodes en guitarras y, lo deja para el final, Tony Levin “el emperador del bajo”. ¡Qué ovación te llevaste Tony!
Mientras los va presentando la firma de cada uno de ellos aparece en los paneles. La banda es compacta, no hay solos ni lucimientos desmedidos. Todos le ponen la firma al asunto. Tocan para la música. ¡Y cómo suena!
Secret World” es una de las canciones que más me gusta. Gabriel está un poco más gordo según me acota mi hija, pero su voz está intacta. David Rhodes y Tony Levin son tan buenos que pueden tocar girando. Y giran con Gabriel sobre el escenario y nadie se queda sentado.
Solsbury hill” y “Sledgehammer” juntas, una a continuación de la otra, hacen que nadie se quede quieto. El estadio se mueve, la gente en el campo salta y Peter, David y Tony recorren el escenario en un trote festivo y acometen los tradicionales pasos de baile de Sledgehammer.
“En un mundo en que tenemos acceso a todo, cómo distinguir lo importante de lo insignificante” pregunta Gabriel al presentar "Signal to Noise", una reflexión sobre las señales y los ruidos. Gabriel canta su última estrofa y abandona el escenario; la banda se hace cargo del climax instrumental de la canción y luego el show termina. Pero sabemos que no.
Al rato vuelven. Ged Lynch hace sonar unos instrumentos de percusión africanos y festejamos el comienzo de “In your eyes”, para mi gusto, una de las canciones más lindas que ha dado la música contemporánea.
El público se levanta otra vez de sus asientos y corea la canción. La canción habla, entre otras cosas, de abandonar las máscaras y el orgullo y encontrarnos a través de la mirada. Me alegra que tanta gente la conozca. Angie Pollack se luce en los teclados. Luego, “Red Rain”, otro clásico del disco “So” que termina con una lluvia roja de luces sobre Peter. Y fin.
Y todos coreamos el típico “Oooooooooo” hasta que Gabriel vuelve y toca al piano, apenas acompañado por Levin en el bajo, la canción que le dedicó a su padre. Se genera un clima íntimo, de absoluto silencio. Treinta y cinco mil personas escuchando el homenaje en silencio.
Y la última. Sabemos que es la última. Cuando la dedica a “todos los hombres que arriesgan su vida por los demás, en especial para…” sabemos que se trata de Stephen Biko y la ovación acompaña sus palabras. Todos de pie, coreamos “Biko” y acompañamos con los brazos extendidos. También sabemos que Gabriel se va a ir y nos dejará terminar la canción junto a la explosiva percusión de Lynch.
Antes de abandonar el escenario, Peter nos dice: “Lo que suceda ahora depende de ustedes”.
Eso es lo que le pido a un artista, que me perturbe, que me sacuda, que me ayude a cuestionarme y a cuestionar el mundo, que movilice mi energía, que deje preguntas retumbando en la cabeza.
Lo que hagamos después con eso, dependerá de nosotros.

lunes, 23 de marzo de 2009

Expectativas: Peter Gabriel


Las expectativas suelen ser muy problemáticas en la vida en general, dado que la realidad casi nunca coincide con ellas. Cuando nos hacemos expectativas respecto a algo, estamos abriendo las puertas a una posible desilusión y al malestar que trae aparejado.
¡Si tan solo pudiésemos estar presentes y aceptar lo que es!
El arte, también, suele ser fuente de expectativas.
Estamos por entrar a ver a Peter Gabriel. Vuelve a tocar en Buenos Aires después de 16 años. Desde que me enteré que venía que lo estoy esperando. Expectativas.
Un amigo espera que toque algún tema de Genesis, algo de “Vendiendo Inglaterra por una libra” o de “Nursery Crime”. Trato de avisarle que no, que desde que inició su carrera solista no tocó nunca nada de Genesis. Mi amigo no me cree. Cree que alguna va a tocar. Pienso que se va a desilusionar.
Expectativas. He visto varios conciertos de Peter Gabriel editados en DVD. Escenarios circulares, músicos sorpresa que aparecen desde un falso piso, Peter rememorando su infancia cantando en bicicleta, una pelota transparente que hace las veces de fantasma, una estructura en la que Peter y su hija Melanie caminan y cantan boca a bajo en el tema “Downside Up”. No va a traer desde Europa semejante infraestructura. No le cerrarían los números. Si espero eso, me voy a desilusionar. Expectativas.
¡Si tan solo pudiésemos estar presentes y aceptar lo que es!