miércoles, 12 de febrero de 2014
Literatura - Julio Cortázar
lunes, 5 de marzo de 2012
Cine - El artista
¿Qué tiene esta película como para gustarle a todo el mundo? Habrá alguna excepción por ahí, por supuesto, pero el film de Michael Hazanavicius, teniendo todos los atributos necesarios para ser rechazado (es mudo, en blanco y negro, no tiene escenas de sexo, ni siquiera un beso, no hay tiros… bueno, en verdad, sí hay un tiro), sin embargo, ha logrado cautivar tanto al espectador que consume los estrenos del momento sin preocuparse por conocer el nombre y antecedentes del director; como también a los cinéfilos, incluso a aquellos recelosos de las nominaciones del Oscar y más proclives al cine coreano o iraní.¿Qué tiene el artista (no confundir con el homónimo film argentino, también muy recomendable y comentado en este blog tiempo atrás) como para generar tal grado de aceptación? Formulo la pregunta como se supone deben formularse, es decir, sin la respuesta a mano.
La historia del film transcurre durante una época de cambio: el pasaje del cine mudo al sonoro, generador de toda una revolución en la industria cinematográfica. Tenemos un personaje que se adapta y otro que no. Alguien que sube y alguien que cae en desgracia.

Los tiempos actuales son cada vez más vertiginosos y los momentos de cambios casi constantes. Hoy en día el mundo nos exige adaptaciones permanentes. Atrás quedaron los tiempos de nuestros abuelos, que trabajaban toda su vida en el mismo lugar, haciendo la misma tarea y con ellos también las heladeras que duraban toda una vida y las lamparitas que iluminaban durante años. Ahora los aparatos tienen fecha de caducidad, la tecnología genera objetos que pasan, en pocos meses o años, de ser un “boom” a meros desechos. El mundo actual nos pone a cada rato en la posición del personaje de George Valentin (interpretado por Jean Dujardin). Todo el tiempo tenemos que estar adaptándonos a algo.
Al comienzo del film, George Valentin es un actor de moda, sus películas repiten una fórmula que llena los cines. George gana mucho dinero y la muchedumbre lo aclama, sin embargo, parece aislado en el éxito, se relaciona con los demás por conveniencia y carece de vínculos reales, exceptuando la relación con su perro y luego la que despertará con Peppy Miller (interpretada por la argentina Berenice Bejo).
El cambio que implica la llegada del cine sonoro desestabiliza el falso status de George. Su prestigio comienza a caer y queda sumido en un estado lastimoso, del que es rescatado por el afecto de su perro y su amada. Un perro y un amor lo sostienen hasta que George logra su primer balbuceo.
Está muy bien lograda la escena en que George queda aturdido por el ruido de las cosas mientras no puede escuchar su propia voz. En estos tiempos tan vertiginosos, se hace difícil dar con la propia voz. Entre tanto ruido, tantos objetos y exigencias, no resulta sencillo hacer lazo con los otros como tampoco escucharse a uno mismo. Quizás por algo de esto, nos veamos reflejados en “El artista”.martes, 6 de septiembre de 2011
Festival de Cine Nueva Mirada
El Festival Internacional de Cine Nueva Mirada para Nuestros tiempos se caracterizan por un predominio de
La calidad de los films es muy buena y sorprende que no tengan acceso a los circuitos de exhibición películas como “El gran oso” de Esben Toft Jacobsen (Dinamarca, 2011).
Con personajes queribles y sin golpes bajos, esta película danesa de dibujos animados presenta una historia de múltiples lecturas que, en forma gradual nos va llevando desde un ambiente realista hacia un terreno fantástico, en el trayecto de la ciudad al campo y del campo al bosque. En el marco de la profundidad de lecturas, ese oso puede ser un animal, puede representar la naturaleza entera (y la relación del hombre con ella), como también puede representar, no es descabellado pensarlo, el inconciente. Es así como tenemos una casita, un muro que la rodea y la prohibición de atravesarlo. Basta que algo se prohíba para que tiente, cosa que la película logra generar en el espectador, por lo que acompañaremos a los niños protagonistas en la travesía hacia ese gran oso que aparece y desaparece, como el inconciente que irrumpe en un sueño, en un desliz, en un lapsus, para luego desvanecerse en el paisaje.El festival finaliza el miércoles 7 de septiembre, con la proyección de los films premiados.
Para mayor información, consultar el sitio del festival: http://www.nuevamirada.com/homeF_esp.htm
miércoles, 31 de agosto de 2011
Literatura - Mi Yo Multiplicado - Gustavo Di Pace
Es indudable que lo que se promociona en las góndolas de las librerías no es todo lo que se escribe; ni siquiera todo lo interesante que se escribe. Hay mucha gente talentosa escribiendo textos que no llegan nunca a las góndolas o lo hacen con mucho esfuerzo y jamás en un lugar visible para el lector-comprador. De esa pluralidad de buenos textos por descubrir, extraigo en esta ocasión, el libro de cuentos “Mi yo multiplicado” de Gustavo Di Pace (Buenos Aires, 1969), publicado por Alcion Editora.Una de las características del mundo actual es la notable expansión de los saberes, con la consiguiente multiplicación de técnicas que estos producen y las góndolas de las librerías dan, también, testimonio de esto. El saber se ha fragmentado. Tenemos saberes parciales que no logran enlazarse, por lo que el individuo de hoy se encuentra bombardeado por saberes fragmentarios. Colette Soler, psicoanalista francesa que condensa lucidez y claridad, sostiene que entre tanta multiplicación y fragmentación de saberes, lo que se ha perdido es lo que en la antigüedad se llamaba “sabiduría”, ese saber sustancial que podríamos vincular al saber vivir.
Vivimos en un mundo donde sobran especialistas, gente que sabe mucho de poco y, en contrapartida, escasean los sabios. Escasean quienes transmitan el arte de vivir y, además, han perdido peso las instituciones, las ideologías y las religiones cuyos preceptos solían servir de referencia y, de algún modo, operar como suplencia de
En eso están los personajes de Di Pace, hurgando en medio de este mar de saberes fraccionados, cada uno a su manera, buscando la vida cómo puede, generando cada cuál su síntoma.
Si a nivel social existe ahora algo parecido a una ideología que oriente a los individuos; es el consumismo, eso de comprar, comprar, tener, tener. Pero los seres que pone a caminar Di Pace lo hacen por fuera de ese discurso. Son personajes curiosos, movidos por algún impulso a saber, anegados por un sentido de extrañeza, algo torpes; pero que al menos entienden que la sabiduría no se compra en un shopping. Por cierto, el único personaje que compra algo a lo largo de todos los cuentos, compra una boa.
Tenemos al guionista de “Amenaza en
En este mundo impreciso, de saberes fragmentados y carencia de sabiduría, la confusión afecta también a la psicología, dividida en montones de corrientes que utilizan vocabularios y técnicas diferentes. Dicho desconcierto aparece reflejado en el relato “El escultor”, en dónde al protagonista se lo menciona como psicoanalista aunque no actúa como tal y parece accionar más como psicólogo cognitivo conductual[1] , esculpiendo la mente de sus pacientes.
Estos personajes que Di Pace pone bajo su lupa, cuyas profesiones poco parecen aportarles en cuanto a sabiduría, terminan merodeando las cercanías de
A lo largo de siglos de literatura, todos los temas han sido abordados, por lo que las variantes posibles, devienen del cruce de cada hombre con su circunstancia. Di Pace lo sabe: “Tal vez, historias como esta ya fueron contadas, es más, estoy seguro de ello. Pero creo que en toda vida, en cada versión de los hechos, hay algo único. Intentaré contar esa parte…” Así comienza “Estigma”, uno de los relatos más impactantes, de esos que continúan repiqueteando en el lector mucho después de cerrado el libro.
Mi yo multiplicado, segundo volumen de relatos de Gustavo Di Pace, escrito con solvencia y soltura, presenta un sugestivo muestrario de los efectos del mundo actual en la subjetividad, y también (tal como el título sugiere) del propio mundo interior del escritor. Noventa páginas, siete cuentos, y un escritor a descubrir.
[1] Intentando poner un poco de orden al respecto, podemos diferenciar, grosso modo, dos tendencias fundamentales en la psicología a nivel universitario: la vertiente europea, cuyo mayor exponente es el psicoanálisis de Freud y Lacan, basado en la escucha y el respeto por la subjetividad del analizante; y la vertiente norteamericana, llamada en estos tiempos “cognitiva conductual”, asentada en
miércoles, 27 de julio de 2011
Literatura - Pasado Perfecto
Leonardo Padura es un experimentado escritor cubano, fundamentalmente conocido por la serie de novelas policiales protagonizadas por el detective Mario Conde. La reseña que nos ocupa aquí remite a su novela “Pasado perfecto”, una historia policial que Padura enriquece con una serie de condimentos que le otorgan un sabor particular. Para empezar, Padura sabe escribir. Con pequeñas descripciones logra perfilar la situación vital de los personajes: “Su brazo colgaba a un costado de la cama, como una rama partida.” En paralelo a la investigación de un crimen se despliegan, con el mismo interés, las crisis existenciales de los personajes y, en simultáneo, Padura aprovecha la narración para delinear la realidad social de su país.El pasado perfecto del título alude al de Rafael Morín Rodríguez, una personalidad intachable del gobierno cubano que desaparece en forma misteriosa. La investigación recae sobre Mario Conde, a quien le empieza a oler mal el no hallar siquiera una voz disonante respecto a la persona de Rafael. Todos lo elogian, todos tienen algo bueno para decir de él, una trayectoria inmaculada, un pasado perfecto, sin una sola mancha. Pasado perfecto es también el tiempo que elige el autor para narrar.
Padura parece saber que no existe hombre intachable, y sospecha que el que en mayor medida pretenda aparentarlo es quien más basura suele esconder bajo jueves, 23 de junio de 2011
Escultura - Louise Bourgeois
Louis Bourgeois es una de las artistas que mejor puede ejemplificar las posibilidades terapéuticas del arte. Tuvo una relación muy compleja con su padre, de quien son conocidos los desplantes a la madre y la relación amorosa con Su familia trabajaba en la reparación de tapices, que en aquella época se usaban para revestir las paredes de las casas. En contacto con el suelo, los tapices solían gastarse en el borde inferior, por lo que a las figuras, en general, le faltaban los pies. Cierto día se ausentó el dibujante a cargo de dichas reparaciones y la madre de Bourgeois le preguntó a ella, dado que tanto le gustaba dibujar, si no se animaba a reemplazarlo. “Dibujé el primer pie a pedido de mi madre y luego me volví experta en pies. Hasta hoy, dibujo muchísimos pies. (…) Y eso también me enseñó que el arte es interesante y puede ser muy útil. El arte puede reparar”. El arte puede reparar y hacer que una persona se mantenga en pie en vez de sucumbir.
Fundación Proa trajo a Buenos Aires una muestra de las obras de Louise Bourgeois.
En la calle, frente al museo y a metros de Caminito en el barrio de La Boca, nos recibe una gigantesca araña ("Maman"), tejedora como la madre de Louise, de novecientos kilos sostenidos en el aire por ocho diminutas patas. Una vez dentro, encontramos una primera sala en penumbras, con otra araña, grande aunque no tanto como la de la calle, encerrando entre sus patas una jaula en la que vemos restos de tapices, las ventosas de vidrio con las que Bourgeois intentaba aliviar los broncoespasmos de su madre y una serie de restos de
La muestra se llama “El retorno de lo reprimido” y consta de 86 obras que el curador Philip Larratt-Smith designa como “equivalentes plásticos” de los estados psicológicos de la artista.Comentar todas las obras excede las pretensiones de esta nota pero hay algunas que no pueden quedar sin mención. Una de ellas es “Red Room (Parents)”. Se trata de una instalación que simula una habitación matrimonial que apenas nos es permitido espiar. Podemos asomarnos por una puerta entreabierta y vemos parte de la cama, una almohada con la inscripción “Yo te amo” escrita en francés. Una cadena nos impide el paso y
tenemos que inclinarnos para observar. Ayuda a la comprensión de la obra, el saber que su padre había contratado una profesora de inglés para que la instruyera en dicha lengua. Esta institutriz, llamada Sadie, se convirtió en amante de su padre y vivió en la casa de la familia durante muchos años. La mezcla de francés e inglés en las inscripciones de esta instalación viene a dar cuenta de este contexto, en el que una amante del padre es quien le enseña otra lengua distinta a 
Otra de las obras que llaman la atención es “El reto II”, una especie de estantería repleta de piezas de cristal. La obra transmite la sensación de fragilidad; todo aquello puede hacerse trizas en cualquier momento pero, a la vez, existe un orden que lo impide; equilibrio trabajoso, similar al que Louis Bourgeois logró gestionar con su arte, equilibrio que le permitió sostenerse en vida, anudando a lo largo de su obra el nudo fallido del pasado.
domingo, 15 de agosto de 2010
Cine - Partir - Una mujer que se sale del marco
Partir podría haber sido una película más sobre adulterio, pero tiene algunas cosas que la hacen diferente. Ya desde la primer escena (la película comienza casi por el final) se plantea la dimensión trágica. En este sentido, más allá de alguna trampita, la directora Catherine Corsini tiene la honestidad de avisar desde el vamos que no habrá final feliz.La historia nos presenta a Suzanne (Kristin Scott Thomas) en un punto de inflexión: luego de haberse dedicado a su marido y sus hijos se propone retomar su profesión de kinesióloga. Su marido (Yvan Attal ) le construye un consultorio dentro de la casa y le refriega la plata que ha tenido que invertir en ello.
En el transcurso de la obra, Suzanne se enamora de un albañil español (Sergi Lopez). En una de las primeras escenas entre ambos, Suzanne, embobada por el obrero, olvidará poner el freno de mano del auto al estacionar en una pendiente. Más adelante, abandonará los frenos en sí misma, ante ese impulso que terminará por desbordarla.
La película transcurre en los bordes, la historia, no por nada, transcurre cerca de la frontera de Francia con España. La edad de los personajes, que transitan la crisis de los cuarenta, también es limítrofe.
Uno de los conceptos que le debemos a Freud es el de pulsión, precisamente un concepto fronterizo entre lo biológico y lo cultural. No es posible la sociedad sin la sofocación de las pulsiones. La cultura busca domeñar la pulsión pero nunca lo logra del todo. Siempre queda un resto. Por lo general se mezclan y conviven en nuestro interior Eros y Thanatos, los impulsos de vida que tienen que ver con lo sexual en su sentido más amplio y la pulsión de muerte cuyos subrogados principales son la agresividad y el odio. Todo eso mezclado y refrenado por la cultura convive en nosotros. Cada tanto, algún límite se rompe y se produce la desmezcla pulsional, en la que la pulsión de muerte puede aparecer pura. Basta leer los diarios para recabar muestras de este tipo de acontecimientos. Algo de esto también podemos ver en “Partir”, en la mirada gélida de Kristin Scott Thomas, que, pura pulsión, lleva a su personaje más allá de los límites.
Hay una escena, breve pero impactante, en la que los protagonistas tienen sexo en el medio de un pastizal. La cámara deja fuera todo vestigio de cultura: parecen Adan y Eva en el paraíso. Claro que el paraíso será efímero y las sirenas de la policía invadirán el espacio auditivo.
La película puede llegar a incomodar a aquellos espectadores proclives al juicio moral como también a aquellos acostumbrados a identificarse con el bando “de los buenos”. Al principio es factible identificarse con la mujer que pareciera decidirse a lanzarse a la vida, después de haber estado muchos años casada con un hombre que la menosprecia e inmersa en una cotidianeidad chata. Sin embargo, esta simpatía comienza a deshacerse a medida que asistimos a las decisiones que el Suzanne va tomando.
Partir es una película francesa hecha por mujeres. Francia es justamente uno de los países más asociables con “la cultura”. La ya mencionada directora Catherine Corsini, la productora Fabienne Vonier y la directora de fotografía Agnès Godard son las mujeres que se atreven a poner el dedo en la llaga de la cultura.
