
En este caso, empezaremos con Enio Iommi, uno de los escultores argentinos más renombrados. De hecho, el arte abstracto en
Su producción, por ejemplo, durante los años de la dictadura, es muy interesante. Dejo que el propio autor la comente:
“Lo que hemos vivido en nuestro país me llevó a sentir de otra manera al arte. Si he utilizado adoquines y alambres fue para expresar la falta de libertad, la falta de sensibilidad del país en aquel momento. Lo expresé por medio del material porque no soy un escultor figurativo. Toda la sensación de barbarie la desarrollé con el material”.
Reproduzco a continuación fragmentos de entrevistas realizadas Iommi, en los que se explaya sobre su concepción del arte:
“Todo lo que sea manual o técnico entorpece la expresión de las ideas. Eso hay que dejárselo a los ingenieros; el artista está para poner el alma a las cosas. Con esta exposición me interesa rescatar la escala humana que se ha perdido, pero que se conserva en una ciudad como Venecia. El arte sirve para razonar sobre lo que uno está viviendo, Henry Ford jodió a la humanidad con su producción de automóviles en serie; hoy estamos rodeados de todo tipo de máquinas y yo me pregunto, ¿para qué?".

“Si no hay ironía el arte es aburrido. Por ejemplo, en Europa cuando ves un mural, la parte pasiva es Dios y la parte activa es la del diablo. Te vas a quedar con la parte del diablo, porque ahí hay de todo, y por el contrario, en la parte de Dios, bueno…, la pureza, los angelitos, todo perfecto. ¡Mentira! porque el mundo no es perfecto. En el arte yo tengo que mostrar lo que es el diablo, el diablo que te va a molestar, que te va a poner en otra situación, en otra forma de ver el mundo, de intentar mejorarlo. Pero, jamás será mejorado, siempre aparecerán Bush(es). Sí, el arte para mí es una cosa irónica. Alguien tiene que molestar; si el arte no molesta, es pasivo. Nuestra cultura se basó en la mentira y nos estamos dando cuenta y nos sentimos fastidiados.”
“Para mí el concepto de ‘arte contemporáneo’ está banalizado. Hacen esfuerzos inútiles. Los jóvenes no ‘hablan’ más, pintan para hacer plata. A mí no me interesa lo que venden, me interesa lo que hacen. Hasta que no se transforme toda la cultura artística no aparecerá nada, vamos a seguir como estamos, haciendo cosas lindas, simpáticas, para vender y adornarles la casa a estos señores. Pero una idea de vanguardia no decora, transforma la mente, incluso la del coleccionista. Si no trasmitís algo, ¡hacéte decorador que vas a ganar plata!
Y ahora ¿qué es un artista? ¿Un empresario? El artista no debe ser un empresario; un artista es un idealista. Pero hoy todo es arte contemporáneo, hoy muchos creen que hay que adornar las casas, los pequeños departamentos, poner algo arriba de la chimenea… ¡hay que adornar!"
"Mi ambición sería que hagan galerías de investigación, es decir, que den oportunidad al artista de investigar, no de vender, no de servir, no de ser simpático, no de triunfar, sino de transmitir sus ambiciones artísticas y que el público vaya, converse, que haya polémica. Del mismo modo, los museos no deben ser depósito de arte.
Actualmente, Buenos Aires está totalmente aburrido. ¡Lo que fue el ambiente artístico de Buenos Aires cuando estaba Di Tella! En aquella Florida había al menos diez, quince galerías, y los artistas éramos pesados, ¡pesados de pensamiento!
Hoy no hay discusiones de artistas. El tema es ver si mandan a remate o no, si estamos cotizados o no… ¡terrible!”
“A mi el mercado, que sirve para decorar las casas de los pequeño burgueses, no me interesa. A mi lo que me interesa es el taller. El artista, fatalmente, algún día se muere. Si va a dejar algo, es culturalmente, no comercialmente. Mi placer- que no me lo permite mi familia-, sería quemar toda mi obra. Mi última obra, una gran llamarada.”
Las entrevistas completas pueden verse en los siguientes links:
http://www.untref.edu.ar/documentos/iommi%20entrevista.pdf







Por otra parte, Juan se irá transformando hasta terminar degollando al jefe de los guardiacárceles. Este punto, esencial para desencadenar el final de la historia, también está “traído de los pelos”. Resulta que se arma un tumulto de familiares de presos en las inmediaciones del presidio, al que acude la mujer de Juan, con una panza de seis meses. Con lo cuidadosas que son las embarazadas, la tipa se mete en el tumulto que parece el campo de un recital de heavy metal. Los del servicio penitenciario desatan una represión en la que matan a una mujer que, justo entre miles de personas, resulta ser la esposa de Juan. Pero la cuestión no acaba aquí. Alguien filmó con el celular el momento en que le pegan y la filmación le llega a los presos. Cuando se la muestran a Juan, se ve exactamente el momento en que golpean a su esposa y, por si esto fuera poco, el policía se levanta el casco, como para que todos le vean el rostro; claro, si no la película no podría avanzar hasta donde pretende. Para colmo, el policía es el jefe. El tipo está toda la película dando órdenes y de pronto aparece reprimiendo como un policía más.
La película comenzará con los pies sobre la tierra (la cámara siguiendo los pies de la protagonista yendo a comprarse unos zapatos) y terminará en el aire. El trayecto, enmarcado en el contrapunto entre las hierbas salvajes que se empecinan en crecer en cualquier parte y los pastos cortados al ras y los árboles podados como cuadrados bien típicos de los jardines franceses, tendrá sus idas y venidas nunca previsibles, nunca aburridas, para lo cual colaboran los personajes secundarios como el policía o la amiga odontóloga.